El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este domingo el rescate del segundo piloto del caza F‑15 derribado el viernes sobre territorio iraní.
El aviador, un coronel, fue hallado “gravemente herido” pero con vida tras permanecer oculto en una grieta de las montañas. Su recuperación supone un triunfo simbólico para Washington en un conflicto marcado por la incertidumbre y la escalada de amenazas.
El primer piloto había sido localizado pocas horas después del ataque. Desde entonces, fuerzas estadounidenses e iraníes se disputaban la captura del segundo militar, conscientes del valor estratégico de un prisionero de guerra. Según el diario The New York Times, la operación se extendió durante horas, incluso a plena luz del día, con la participación de cientos de efectivos de operaciones especiales.
Irán, sin embargo, ha tratado de minimizar el éxito estadounidense. La Guardia Revolucionaria aseguró que durante el rescate fueron destruidas varias aeronaves, entre ellas un avión de transporte militar y dos helicópteros Black Hawk.
El presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, difundió la imagen de un aparato calcinado acompañada de un mensaje irónico: “Si Estados Unidos consigue tres victorias más como ésta, quedará completamente arruinado”.
Trump celebró la misión como “una de las operaciones de búsqueda y rescate más audaces de la historia del país” en su red social Truth, y adelantó que este lunes ofrecerá una rueda de prensa junto a mandos militares en el Despacho Oval.
El mandatario, que permaneció en Washington durante el fin de semana para seguir el desarrollo de los acontecimientos, volvió a amenazar con represalias si Teherán no accede a reabrir el estratégico estrecho de Ormuz. “El martes será el día de las Plantas Eléctricas y el día de los Puentes, todo en uno, en Irán”, escribió en tono beligerante.
Mientras tanto, la tensión regional se intensifica. Israel atacó el mayor complejo petroquímico iraní en Mahshahr, obligando a detener operaciones clave. En respuesta, Teherán lanzó drones contra instalaciones de la empresa Gulf Petrochemical Industries en Bahréin, provocando incendios que ya fueron controlados. Emiratos Árabes Unidos también reportó daños en una planta de Abu Dabi tras interceptar proyectiles iraníes.
El fuego cruzado confirma que el pulso entre Washington y Teherán se libra no solo en las montañas iraníes, sino también en el tablero energético del Golfo Pérsico, donde cada golpe tiene repercusiones globales.