Sentirse joven, no es estar joven

Es maravilloso tener la oportunidad  de  alcanzar una edad avanzada y sentirse ágil, vigoroso, joven, y dispuesto a enfrentar el mundo.

De manera personal, a pesar de la edad que poseo, doy gracias a Dios por permitirme estar siempre alegre, coherente, activa, llena de vida, y con la bendición de que mucha gente joven quiere estar a mi lado.

Esto es excelente, pero debemos tener cuidado con los excesos, y estar plenamente convencidos, sin complejos, de que existen algunas cosas que no debemos hacer, pues los años no pasan en vano.

Cuando arribamos a cierta edad, es normal que la artritis, la artrosis, las hernias, la diabetes, quieran tomar posesión de nuestro cuerpo.

Lo ideal sería que no nos visitaran estos enemigos, pero es muy difícil que nuestro cuerpo, ya cansado, tenga la capacidad de impedirles la entrada. Lo importante es saber manejarlos, llevar nuestros tratamientos médicos, y cuando los achaques  estén en pausa, tratar de disfrutar de aquellas cosas que nos gustan, pero sin excesos.

Si antes trotábamos, ahora le damos gracias a Dios, si nos permite hacer una caminata, aunque sea cortita.

Si antes íbamos a un escenario monstruoso, a ver a un artista que nos enloquecía, ahora que no podemos hacerlo, tan pronto venga otro que también nos guste, a un lugar acorde con nuestro cuerpo y edad, aprovechemos la oportunidad.

Es imposible competir con los más jóvenes. Si tu amiga, que tiene la mitad de los años que tienes, se ejercita bailando zumba, aunque ella te invite, acepta tus limitaciones físicas, y solo haz lo que tu cuerpo te permite.

Debemos mantenernos activos, pero entendiendo que “Plátano maduro no vuelve a verde”.

Por Epifania de la Cruz (epifaniadelacruz@ gmail.com / www.renacerparatodos.net)

*La autora es psicóloga clínica