Luis Abinader: Un presidente de sólidos principios

Luego de analizar en detalle, cada decisión tomada por el presidente Luis Abinader, durante su mandato constitucional, he concluido afirmando que su accionar se ha caracterizado por una gestión enfocada en la institucionalidad, la ética, la transparencia, el fortalecimiento de la democracia y el respeto a las leyes.

Sin lugar a duda, el gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM), a través de las ejecutorias impulsadas por el presidente Abinader, ha sembrado las bases estructurales para la consolidación de las normas y procedimientos que regirán en el futuro próximo, la vida de la nación, en el ámbito político, económico y social.

Durante su mandato, el presidente de la república ha conducido el país, por senderos de desarrollo económico, mejorando los servicios básicos, sin descuidar en ningún momento su atención a la salud, la educación y la seguridad ciudadana, porque (desde mi punto de vista), su prioridad, ha estado dirigida al bienestar general del pueblo dominicano.

La visión de estadista que define el liderazgo político del presidente Luis Abinader —para la gobernabilidad, a largo plazo—, pone de relieve su integridad, coherencia y firmeza, en cuanto a priorizar el estado integral de salud física, mental, emocional y social de las grandes mayorías y la estabilidad del Estado, por encima de interés particulares o personales.

El mejor y más fehaciente ejemplo, sobre la solidez de los principios que adornan la figura de Luis Abinader, se desprende del hecho de que, ¿cuándo un presidente en pleno ejercicio de sus facultades, ha tomado la decisión expresa de no aspirar a la repostulación, para no vulnerar principios éticos, políticos y constitucionales?

 ¡Nunca!

Solo el presidente Luis Abinader, ha tenido la grandeza necesaria para colocarse por encima de las apetencias terrenales que mueven a la mayoría de los lideres políticos.

Díganme ustedes, ¿se puede comparar?

Si el extinto líder de masas José Francisco Peña Gómez, estuviera vivo, lo consagraría como su discípulo más aventajado, por aquello de “Primero la gente”.

Por Andrea Difó

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