Me molesta que me prediquen

Entiendo perfectamente que hay un sin número de religiones, y que cada ser humano tiene el derecho de pertenecer a aquella con la cual se sienta identificado, pero a lo que no tienen derecho, es a obligar a los demás a seguirle los pasos.

El tema viene a colación porque, alguien que es muy especial en mi vida, y a quien tenía muchos deseos de ver, se apareció de repente en nuestra casa.

Desafortunadamente, llegó en el peor momento, en el cual no era oportuno que se comportara como lo hizo, debido a que, a nivel familiar, estábamos resolviendo un tema delicado.

La persona a la que me refiero, sabe perfectamente que no tenemos militancia religiosa, sin embargo, sin darme cuenta, mencioné la palabra Dios. En realidad, es muy común mencionarlo en las conversaciones diarias de todos los seres humanos, sin importar la creencia religiosa que se tenga.

Esta invocación fue suficiente para que este señor se parara en medio de la sala y desarrollara una prédica, fue como si realmente se metiera en un personaje. Me recordó un papel que hacía nuestro excelente actor, Richard Douglas, donde personificaba a un predicador evangélico que siempre andaba con una biblia bajo el brazo.

No le importó cuan ocupados estábamos, realmente se sentía el protagonista de la película. Pero llegó un momento en el cual, con toda la educación del mundo, le dije que tenía que cocinar, situación que pareció entender, y se marchó.

Más tarde, me puse a reflexionar en que, a pesar de ser él tan especial para mí, realmente pienso que abusó, pues sabe perfectamente que no profesamos ninguna religión.

¿Saben qué hice?

A la mañana siguiente, lo llamé por teléfono y luego de decirle lo que él significa para mí, con toda la firmeza que me caracteriza, le dije que no aceptaré que se repita lo sucedido en mi casa.

Tiene que respetar mis creencias, que realmente, me puse muy feliz cuando lo vi, pero que cuando él se convirtió en un predicador, estuve ansiosa porque se fuera de mi casa.

Me pidió disculpas y prometió no volver a hacerlo, pero le advertí, que en caso de que se le olvide y el fanatismo lo venza nuevamente, lo dejo con la palabra en la boca, o lo invito a retirarse. 

¡No soporto que me prediquen!

Por Epifania de la Cruz (epifaniadelacruz@ gmail.com / www.renacerparatodos.net)

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