Moca, Espaillat.-A sus 90 años, el reconocido médico y filántropo mocano Silverio López, mantiene vivo un sueño que ha marcado gran parte de su vida; ver completamente terminado y en pleno funcionamiento el hospital de lucha contra el cáncer que inició como una obra de amor, entrega y compromiso con los más vulnerables.
Considerado por muchos como “el médico de los pobres”, el doctor López, ha dedicado décadas a servir a quienes más lo necesitan, brindando consultas, medicamentos, apoyo económico y acompañamiento humano sin exigir nada a cambio. Su labor, profundamente altruista, ha dejado una huella imborrable en la provincia Espaillat.
Hoy, en la etapa final de su vida, su mayor anhelo es ver cristalizada esta obra que ya se encuentra en la parte trasera del Hospital Provincial Doctor Toribio Bencosme, ofreciendo asistencia a pacientes afectados por el cáncer. Aunque la infraestructura está prácticamente lista, aún faltan equipos, medicamentos y recursos esenciales para completar su funcionamiento a plena capacidad.
El centro pertenece al Patronato de Lucha Contra el Cáncer de Moca, institución que preside el propio doctor López, y que ha sido sostenida gracias al esfuerzo de un equipo de hombres y mujeres comprometidos con esta causa.
“Estamos cerca de lograrlo”, coinciden quienes han acompañado este proyecto, conscientes de que más allá de una edificación, se trata de un legado de humanidad que busca aliviar el dolor de cientos de familias.
A lo largo de su trayectoria, el doctor López, ha recibido múltiples reconocimientos por parte de instituciones públicas y privadas, en honor a su vocación de servicio y su incansable labor social. Sin embargo, su mayor recompensa, aseguran quienes lo conocen, ha sido siempre el bienestar de sus pacientes y enfermos de cáncer.
Nacido en Moca, en el año 1936, está casado con la doctora Albertina Félix, con quien ha formado una familia integrada por sus hijos Iván, Kelvin y Shirley López, esta última actual diputada por la provincia Espaillat.
El sueño del doctor Silverio López, no es personal, es colectivo. Es la aspiración de una comunidad que ha sido testigo de su entrega y que hoy tiene la oportunidad de devolverle, en vida, el fruto de tanto sacrificio.
La culminación de este hospital, no solo representaría un avance en la atención médica en la región, sino también la materialización de una vida dedicada al servicio. Un legado que, sin duda, trascenderá generaciones.
Por Luis Ramón López