Corazón de vidrio

Siempre que miro hacia atrás y me ubico en mi infancia, suelo recordar lo llorona que siempre fui, esa era la queja número uno de las personas que me cuidaban, debido al trabajo de mi madre.

Recuerdo que eso provocaba que en ocasiones ella no encontrara que hacer, debido a que un simple regaño provocaba que durante mucho rato, permaneciera cabizbaja, y en ocasiones, hasta me negaba a comer. A cada momento me decía que yo era como “El vidrio de Belén”.

Con el trascurrir del tiempo, y quizás debido a la forma en que ya adultos tenemos que enfrentar los problemas, es posible que me haya revestido de una coraza, ya que según la opinión de mucha gente, soy una mujer fuerte, capaz de salir victoriosa frente cualquier situación.

Todo lo anterior se lee muy bonito, pero mentiras del Diablo, parecería que el Covid19 no me ha dado en el cuerpo, pero si me ha debilitado el corazón, después de que este hiciera su entrada en el mundo, cualquier recién nacido es más fuerte que yo, en cuanto a emociones se refiere.

Estoy que doy pena, basta ver por la televisión cualquier evento que en otro tiempo veía con sentido crítico, ahora la Magdalena es una «Chivita jarta e jobo” al lado mío. De seguir así, creo que no voy a necesitar las gotas refrescantes que tengo que usar en mis ojos, y pudiera ser que estos se pusieran más brillosos.

La situación es tan dramática que hace unos días, mientras me preparaba para ver algo que anunciaron, mi marido, en un tono muy gracioso, me dijo: “Me avisas si vas a llorar para traerte servilletas”.

Esto que me está pasando, ni es malo, ni me avergüenza, si el responsable es la pandemia, se lo agradezco, porque definitivamente es muy sano y liberador, poder dejar escapar las emociones.

Las personas que lean esto y se identifiquen conmigo, dejen que sus lágrimas salgan libremente, luego verán la sensación de alivio que sentirán después. Las lágrimas tienen un efecto sanador.

Por Epifania de la Cruz (epifaniadelacruz@ gmail.com / www.renacerparatodos.net)
*La autora es psicóloga clínica