Las palabras no siempre significan lo que pensamos

Uno de los más grandes regalos que recibí luego de realizar la maestría en Terapia Familiar y de Pareja, fue mantener mis lazos de amistad con Marisela, una de las personas más “inteligentemente loca”, que he conocido.

Cada vez que recibo algún mensaje de ella, salgo beneficiada pues sus aportes son excelentes y permanentes, debido a que ella es fiel amante de los conocimientos que se adquieren a través de la lectura.

Hace unos días me envió el significado real de una palabra, que inmediatamente lo leí, la parte morbosa que tenemos todos, le puso su significado.

Ambas nos reímos muchísimo. Al manifestarle que quería escribir sobre el tema, pero no me atrevía a usarla como título, ella me envió lo siguiente:

“Existen en el idioma español o coloquial (sic), palabras de uso común con significados que llaman la atención, por la distancia que establecen las mismos on su real significado. Por ejemplo:

Coño es una de esas palabras. Si bien puede estar refiriéndose a la vulva, también puede referirse a los originarios de España. 

Carajo es una interjección y tiene diferentes significados que se relacionan con la actitud del emisor, pero también significa pene y la parte más alta de un barco.

Toto puede referirse a una banda de rock, a una marca de ropa o de manera frecuente a la vulva.

La palabra singamia, la cual dio origen a este artículo, se refiere al proceso de reproducción celular por medio de la relación sexual para crear un nuevo cigoto.

En nuestro país, su significado con la eliminación de algunas de sus letras finales, se refiere simplemente a tener relaciones sexuales, no al ejercicio mental y pecaminoso que viene a la mente de cualquier persona que, como yo, no conocía su significado y de manera inmediata, le atribuí lo que cualquier otra persona en mi lugar, le hubiese hecho. Moraleja: Las palabras no siempre significan lo que pensamos.

Por Epifania de la Cruz (epifaniadelacruz@ gmail.com / www.renacerparatodos.net)
*La autora es psicóloga clínica