Al revés

Tengo un excelente amigo, prácticamente un hermano, con quien comparto mis días y quien tiene a su cargo la responsabilidad de chequear lo que escribo.

Es mi corrector implacable, me ha demostrado que puedo sobrevivir a sus boches y miradas asesinas, cuando no puedo justificar un error cometido.

Mi esposo, mi hija y él, forman parte de ese grupo de personas, que aparentemente, cuando chiquitos, su alimento principal era el conocimiento minucioso de las reglas ortográficas.

Siempre he tenido problemas con el uso de las comas, esto ha disminuido un poco, gracias a un curso que hice, pero la bendita en ocasiones me traiciona, y aunque no lo crean, en varias ocasiones, termino “comiéndomelas”.

Dentro de  las cosas que oigo casi a diario, que ese crítico feroz me dice, es que casi siempre yo escribo al revés.

A lo mejor tengo algo de dislexia.

Esto no me molesta, cuando lo oigo, siento ganas de reír, pues pudiera ser que algunas de mis neuronas no estén en el lugar adecuado. En ese caso, es algo difícil de curar, debido a que no creo que la ciencia haya llegado aún hasta ahí.

Es posible que en cierto modo, hacer algunas cosas contrario a la mayoría de la gente, sea la razón por la cual,  a veces, pueda ver luces donde otros ven sombras.

Por Epifania de la Cruz (epifaniadelacruz@ gmail.com / www.renacerparatodos.net)
*La autora es psicóloga clínica