Por Dios… ¡¡¡Aún tenemos esperanzas!!!

Me resulta casi imposible, en ocasiones, sacar a flote algunas cosas que me preocupan de nuestros niños y jóvenes, sin que se interprete que estoy desfasada, o que estoy en contra de la tecnología.

En los últimos días se me ha acrecentado la preocupación que tengo, de ver cómo los integrantes de esta generación parecen robots diseñados solo para tener en sus manos una tablet o un celular.

La situación me afecta tanto a nivel familiar, como producto de observar los comportamientos que a diario veo.

La situación es tan extrema, que por ejemplo cuando los padres van con sus hijos a comer a un restaurant, nadie comparte, pues todos, empezando por los mayores, tienen sus aparatos tecnológicos encendidos, fieles sustitutos del diálogo y el compartir chulo que tanto bién le hace a la familia.

Quizás como un premio de la vida, por preocuparme por algo que parece irremediable, vi en un programa nocturno un robot creado por unos estudiantes del Colegio Evangélico Shalom, donde pusieron en práctica todos los conocimientos adquiridos durante el nivel secundario en la asignatura Física y Computación.

Realmente, no pude detener las lágrimas que afloraron a mis ojos, especialmente cuando los jóvenes expresaron que el robot fue creado con materiales desechables.

Durante la demostración, los televidentes pudieron disfrutar de la forma en que se lograba, con ayuda de la tecnología que este hablara y moviera un brazo.

El trabajo representa un esfuerzo que necesitó una gran planificación, ya que era un curso completo involucrado en el proceso.

Expresaron que su meta es competir en unas olimpíadas.

Estoy contenta porque estos jóvenes, para diseñar el robot, cuyo nombre no recuerdo, estoy plenamente convencida de que no se comportaban como tal, debido a que tenían que concentrar sus energías en busca de obtener lo perseguido.

Felicidades para ellos, y ojalá su trabajo sea emulado por otros. Quiero creer firmemente en que no todo está perdido.

Por Epifania de la Cruz (epifaniadelacruz@ gmail.com / www.renacerparatodos.net)

*La autora es psicóloga clínica