Madre chatarra

Es bien sabido por todos, que la responsabilidad en la crianza de los hijos debe ser una tarea compartida, en la cual la pareja debe asumir en partes iguales el “porcentaje” necesario para conducir a los hijos por el camino correcto.

Aunque en teoría debe ser así, la práctica demuestra que la mayor carga en lo que concierne a la buena formación y educación, generalmente recae en la madre, y si esta no está dotada de los principios éticos y morales necesarios para educar en valores, esa familia, simplemente, nunca será funcional.

Estos razonamientos vienen a colación por conductas que a diario observo. Por ejemplo, muchas chicas se embarcan en la dura tarea de parir, pero quieren continuar como si fueran solteras.

A nivel de los barrios populares, se puede observar cómo las jóvenes madres, tan pronto un niño de meses llora por cualquier motivo, le entregan el celular, el cual ha pasado ha pasado a sustituir el “bobo” que en otros tiempos entretenía a los bebés. Ambos son perjudiciales, pero este último rompió todos los récords.

En ocasiones envían a sus hijos al colegio, con la ropa estrujada, y hasta sucia.

En estos tiempos tan “modernos”, es usual que la mayoría de las que tienen niños pequeños y residen por los barrios marginados, resuelvan el desayuno, comprándoles los famosos yaniqueques llenos de grasa y con mucha sal por encima, o los mangus de plátano con salami, por no «perder el tiempo» elaborando algo sano, delicado, acorde a la edad del infante.

Estando en un compartir familiar, no sé cómo no me dio un infarto, mientras tuve que presenciar que un encantador niño, de apenas dos años, cruzara varias veces la calle, la cual era sumamente peligrosa, y en ningún momento apareció su “madre”, si es que así se le puede llamar a esta caricatura de mujer.

Estos experimentos de mujer a las cuales me he referido, caben en la definición de madres chatarras, y pueden dar gracias a Dios, debido a que no tengo poder para hacerlas pagar por su descuido: ¡Irresponsables, charlatanas, poco serias!

Por Epifania de la Cruz (epifaniadelacruz@ gmail.com / www.renacerparatodos.net)

*La autora es psicóloga clínica