Personas que reculan

Para los que creen que me equivoqué de verbo, mentiras del Diablo, sé muy bien a cual me estoy refiriendo, recular, que significa echar hacia atrás, retroceder, ceder, y cejar.

El tema viene a colación porque, en días pasados, mientras veíamos a una figura del medio mostrarse ambivalente, echando para atrás algo que públicamente había dado como un hecho, mi marido afirmó, con toda la convicción del mundo, “ese es un reculador”.

Me reí, porque en mis adentros se activó la parte morbosa, y me puse a pensar en la parte del cuerpo que está involucrada con este proceso.

Realmente, recular puede ser bueno en algunas ocasiones y muy negativo en otras. Por ejemplo: un profesional de la medicina no se puede dar el lujo de recomendar, de manera pública, el uso de un medicamento y luego recomendar lo contrario.

Un presidente no puede anunciar una medida que resolvería un problema que agobia a la sociedad en su conjunto, y luego  echar para atrás la medida. En este caso, el “reculeo”, es mortal.

Si los padres de familia, al momento de castigar una conducta inapropiada de los hijos, se apegan a este verbo, y en consecuencia, echan para atrás un castigo merecido, las consecuencias a futuro pueden ser catastróficas.

Al igual que estos casos mencionados, hay muchas situaciones en nuestras vidas sobre las cuales debemos pensar muy bien antes de tomar la decisión de “recular”.

Ahora bien, hay  emociones ante a las cuales recular, puede ser muy positivo: La envidia, la negligencia, el miedo al futuro, y sobre todo, echar para atrás cualquier pensamiento que nos haga sentir que no somos importantes. Pero si advertimos que una decisión nuestra puede tener consecuencias fatales, recular a tiempo es la mejor opción.

Por Epifania de la Cruz (epifaniadelacruz@ gmail.com / www.renacerparatodos.net)
*La autora es psicóloga clínica