No nos cansemos nunca de hacer el bien

El título de este articulo está inspirado en una frase que observamos el domingo pasado en el Altar de la Iglesia San Judas Tadeo de esta capital, la misma nos hizo reflexionar sobre muchos hechos negativos que ocurren en nuestro país y el mundo, injusticias, decepciones, traiciones, falsedades, hipocresías, engaños, abusos, humillaciones, odio, envidia, todas enrarecen la conciencia y el espíritu, pero siempre debemos hacer el esfuerzo de evitar que las mismas logren  cambiar nuestra forma de ser y que dejemos de hacer el bien y luchar por los demás.

A todos nos ha sucedido más de una historia personal o política marcada por la decepción o algunas de las situaciones anteriormente mencionadas, las hay que duelen unas más que otras, e incluso algunas nos han obligado a perder la inocencia inicial con la que solemos llegar a este mundo, pero esto en absoluto nos puede inducir a actuar de forma incorrecta y a no favorecer el bienestar de quienes nos rodean y nos necesitan.

En algunos casos hay decepciones que nos hacen abrir los ojos y cerrar el corazón provocando   un gran dolor que nos obligará a ser más prudentes y cautelosos, pero que jamás debería llevarnos a perder nuestra capacidad por hacer el bien a quienes más lo necesitan, los que  procuran siempre lo mejor para el conjunto, actúan según la voz de su consciencia y de acuerdo a sus propios valores y concepciones políticas e ideológicas.

Las políticas de odio dirigidas a desacreditar a los contrarios y descalificarlos, con el fin de destruirlos , no pueden conducirnos ni a la , decepción y mucho menos a cansarnos  de hacer el bien, hay que ser fuertes y luchar enfrentando todas estas acciones, las expresiones de odio o el discurso destinado a intimidar, oprimir o incitar al odio o la violencia contra una persona o grupo no conoce fronteras de tiempo ni espacio, Hemos sido testigos de la proliferación del discurso del odio el mismo no retrocede más bien lleva a cabo una agresión patente en todo el mundo .

Las acusaciones falsas y sin pruebas, la intolerancia y la agresión a las honras de las personas, con evidentes fines políticos se está́ generalizando, el discurso público se está́ convirtiendo en un arma para cosechar ganancias políticas con una retórica incendiaria que estigmatiza y deshumaniza a las minorías y a los adversarios políticos, esto está sucediendo en las democracias liberales y con cada norma que se rompe, se debilitan los pilares de nuestro sistema democrático.

Los luchadores políticos y sociales que, en términos generales, se esfuerzan por vincular la lucha por la democracia y la justicia social con el combate contra la desigualdad y la exclusión, siempre deben tener presente su lucha por hacer el bien, en cualquier circunstancia, no importa los obstáculos que se presenten, frente a los efectos nocivos del discurso neoliberal que solo trae violencia en lugar de paz, exclusión, discriminación y profundización de las desigualdades en lugar de inclusión, tolerancia, respeto y equidad.  

Frente a los que señalan con su índice acusador lleno de ira, agresividad, odio, desafío y desprecio, pretendiendo juzgar  y condenar Creyéndose con la capacidad de poder juzgar a las personas, la vida y todo lo que considere, siempre tratando de  ver la paja en el ojo del  hermano y no  la viga que lleva en el propio, el papa Francisco al referirse al tema ha señalado, ‘’En efecto, «juzgar a los demás nos lleva a la hipocresía». Y Jesús define precisamente «hipócritas» a quienes se ponen a juzgar. Porque, explicó el Papa, “la persona que juzga se equivoca, se confunde y se convierte en una persona derrotada”.

En los evangelios hay un pasaje que nos describe muy claramente, la situación de aquellos que acusan sin tener la calidad para ello.

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron:

“Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?”.

Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.

Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.

Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:

«El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra».

E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.

Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos.

Y quedó solo Jesús, con la mujer en medio, que seguía allí delante.

Jesús se incorporó y le preguntó:

«Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?».

Ella contestó:

«Ninguno, Señor».

Jesús dijo:

“Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más”.

Quién es uno para condenar? ¿quién es uno para hablar mal del hermano o la hermana? ¿quién soy yo para insultar o difamar con tanta ligereza el nombre de personas que ni conozco? Es cierto que lo que está mal hay que llamarlo por su nombre, pero hay que ayudar a que todos tomemos conciencia de la propia realidad y a que no desmayemos en el propósito de no cansarnos nunca de hacer el bien.

El Juzgar y condenar al prójimo y ser un verdugo moral que busca descalificar, estigmatizar y excluir a otro, debiera conducir primero a examinar y evaluar la  propia conducta del acusador, al mismo tiempo que lo incrimina a no juzgar ni condenar sin ni siquiera conocer las circunstancias particulares del otro, para no convertirnos en farsantes moralistas que solo buscan el  maltrato, la exclusión y la negación de la propia humanidad de determinadas organizaciones o grupos de personas.

Hacer el bien significa trato igualitario, respeto a la dignidad de cada ser humano y el amor de unos a otros, bien lo ha señalado Juan Bosch, Toda obra digna pasa a menudo bajo la sombra de la infamia; el que combate, sin embargo, no puede detenerse ante la infamia”, los patriotas dominicanos debemos seguir adelante y no cansarnos nunca de hacer el bien en favor de nuestro pueblo y de los pueblos del mundo que necesiten nuestra mano solidaria.

Por Luis Fernández

*El autor es político y comunicador