Pandemia, vacuna y pobreza

“Sería triste si esta vacuna se convirtiera en propiedad de una u otra nación y no sea universal y para todos”, Papa Francisco.

Hoy en día la humanidad vive una época de importantes cambios y transformaciones sociales, políticas, culturales y económicas, las que han sido impulsadas por las nuevas tecnologías y la globalización, todo ha marchado a velocidades que a veces ni nos damos cuenta, además de que una gran cantidad de personas no asimilan esos cambios, esto ha traído como consecuencia que las relaciones sociales sean cada vez más complejas, lo que es un producto de la complejidad de la nueva realidad.

A pesar de todos estos cambios el desafío de la pobreza permanece presente y los sectores mas vulnerables de la población son grandemente perjudicados con el reparto desigual de los recursos y con la falta de acceso a los servicios básicos como la educación, la salud y la vivienda, a lo que debemos agregar como uno de los sectores más afectados son las mujeres como consecuencia de la discriminación de género.

No desconocemos las causas históricas de la pobreza que son el Colonialismo, la guerra, la Esclavitud y las Invasiones, las que se vienen desarrollando en diferentes épocas de la historia de la Humanidad, sino que la actual situación del mundo no ha mejorado las condiciones de la pobreza, lo que ha sido fruto del injusto sistema capitalista, que ha profundizado la desigualdad y la exclusión.

Esta situación afecta a más de 1,300  millones de personas, según un informe publicado  por el programa de las naciones Unidas para el Desarrollo PNUD, de estos los niños y niñas(663 millones)sufren la pobreza de forma más intensa y tienen mayor probabilidad de sufrir carencias porque no tienen acceso a agua limpia, salud,  nutrición adecuada o educación primaria.

El informe del PNUD señala que, la mayoría de las personas pobres viven en Asia meridional 546 millones, África subsahariana 560 millones y Asia oriental y del pacifico 118 millones, que, entre todas suman1,224 millones de pobres ubicados en África y Asia, en América Latina y el Caribe la cifra alcanza a los 40 millones de pobres.

Esta situación de la pobreza en el mundo se vera agravada significativamente con la presencia de la pandemia del corona virus en el mundo, esta pandemia es mucho más que una crisis de salud es también una crisis socioeconómica sin precedentes, que pondrá a prueba a cada uno de los países, la pandemia tiene el potencial de crear impactos sociales, económicos y políticos devastadores que dejarán profundas y duraderas cicatrices, en todo el planeta.

Cada día, las personas pierden sus trabajos e ingresos, sin forma de saber cuándo será posible volver a la normalidad. Las pequeñas naciones como la República Dominicana, que dependen del turismo, tienen muchos hoteles vacíos y playas desiertas. La Organización Internacional del Trabajo estima que se podrían perder 195 millones de empleos, asimismo el Banco Mundial proyecta una disminución de US$110 mil millones en remesas este año, lo que podría significar que 800 millones de personas no podrán satisfacer sus necesidades básicas.

La pandemia es mucho más que una crisis sanitaria, es también una crisis socioeconómica sin precedentes, al poner a prueba a cada uno de los países y gobiernos que toca, su impacto es desproporcionado sobre los pobres, a través de la pérdida de empleos, la reducción de las remesas, el alza de precios y la interrupción de la prestación de servicios como la educación y la salud, lo que profundiza la exclusión y la desigualdad.

Queda un amplio camino por recorrer para poner fin a la pobreza extrema y siguen existiendo muchos retos y desafíos en gran parte del mundo, el ritmo de crecimiento es demasiado lento y la inversión es muy escasa para elevar de forma aceptable los ingresos en muchos países, el ritmo de reducción de la pobreza ha sido más lento o incluso ha sido nulo, lo que prolonga la situación de pobreza de miles de familias.

De ahí lo oportuno y correcto que ha sido el pronunciamiento del Papa Francisco, que ha afirmado que, «Sería triste si, en la vacuna para el COVID-19, se diera prioridad a los más ricos. ´´Sería triste si esta vacuna se convirtiera en propiedad de una u otra nación y no sea universal y para todos´´.

La Santa Sede a través de distintos documentos y organismos ha advertido de que la vacuna para el coronavirus ha de llegar a todos por igual y no convertirse en objeto de compra y venta privada. El Santo Padre ha abogado por que se haga llegar primero a los más necesitados, de acuerdo con la opción preferencial por los pobres que emana del propio Evangelio, esta opción, ha señalado con firmeza el Papa, nada tiene que ver con una cuestión «política o ideológica», sino que es la opción del propio Cristo.

El Papa Francisco también ha hablado de la «nueva normalidad». Ha pedido que no se desperdicie la oportunidad que ofrece esta pandemia de enmendar los errores y que la vuelta a la normalidad no implique volver a las injusticias históricas, porque, ´´si hay estructuras sociales que impiden soñar por el futuro, tenemos que trabajar juntos para sanarlas, para cambiarlas´´.

En un mundo donde el presidente del Banco mundial David Malpass habla de que el COVID-19 dejaría a  más de 100 millones de personas en todo el mundo, en la extrema pobreza y que en América Latina, donde ya han fallecido más de 250,000 personas, se perderían 45 millones de empleo, son elementos suficientes para concluir en que, la pandemia ha desestabilizado la economía mundial, ha expuesto la debilidad de los sistemas de salud y ha alterado la vida de miles de millones de personas en todo el mundo.

Proporcionar un acceso justo e igualitario a una futura vacuna contra la COVID-19 es la medida correcta, su producción debe ser a gran escala y su distribución debe ser gratuita o a precios accesibles para la población, priorizando al personal de salud que está en la primera línea de combate contra la pandemia, así como a las personas con mayor riesgo de contraer enfermedades graves y morir.

No podemos permitir que los países desarrollados monopolicen el suministro de las vacunas para el COVID-19 como ha ocurrido en otras ocasiones con otras pandemias, los países más pobres y vulnerables no pueden quedar rezagados. Sería una solución mucho mejor que la comunidad mundial a través de la OMS garantice la existencia de un sistema de distribución equitativa en todo el mundo.

Por Luis Fernández
*El autor es político y comunicador