Cosas que solo me pasan a mí

Con la mano derecha en alto, reconozco que en muchas ocasiones tiendo a planificar tanto las cosas, que puedo convertirme en psicorrígida.

Tengo por costumbre pedir en la farmacia, antes de que se terminen, aquellos medicamentos que son de uso continuo, pues me genera mucho estrés que al solicitarlos, me afirmen que no hay disponibles.

Hay que reconocer que vivimos muy cargados, y no es nada del otro mundo que lo planeado suceda de otra forma.

Mi marido consume unas gotas para los ojos, las cuales debe administrarse rigurosamente cada doce horas. Lamentablemente, cuando las pedí donde compramos todo, no había en el inventario.

Desde ese momento salió a flote mi rigidez, mi cerebro en ocasiones solo entiende que si ahí es donde nos proveen todo, y a fines de mes pagamos una elevada suma, los medicamentos deben estar cuando los necesitemos, pero realmente las cosas no son así.

Empecé a llamar a otras farmacias para dar un tarjetazo. Donde pude encontrarlas, realicé el pedido, por Whatssap. Transcurrido un tiempo para mí excesivo, llamé a la persona encargada, la cual no fue nada amable ni profesional; obvio, que chocamos debido a que ya yo estaba irritable. En una de sus respuestas escribió una palabra con faltas ortográficas y hasta se la corregí. Casi a punto de pelear con mucha ironía, me dijo: ¡Gracias, maestra!

Como el diablo es sucio, al rato llegó el medicamento. El solicitado era de 2.5 ml, y el que llegó era de 5 ml.

Al borde de que nos diéramos golpes por teléfono, ella me explicó que eso significaba que tenía mayor contenido; donde metió la pata fue cuando me dijo que la foto que yo le había enviado, era una muestra médica.

Antes de que me diera algo, llamé a mi médico, quien con la amabilidad que siempre le caracteriza, me explicó que ml es lo mismo que cc, lo que significa que simplemente, tenía más cantidad.

Me pregunto, ¿está el ciudadano normal, sin tener conocimientos de productos farmacéuticos, obligado a tener este tipo de conocimientos?

Todo acabó al estilo colorín colorado, pues le pedí excusas a la chica, reconociéndole que ella me estaba explicando bien, que la que estaba como una vieja decrépita era yo. Una vez más repito que cuando aprendo algo, ese es un día de ganancias. Realmente salí premiada.

Por Epifania de la Cruz (epifaniadelacruz@ gmail.com / www.renacerparatodos.net)

*La autora es psicóloga clínica

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