Hace muchos años, tantos que nuestros hijos eran pequeños, tenemos nietos, y todas las condiciones para poder tener biznietos, había una persona que visitaba frecuentemente nuestra casa, compartíamos tantas cosas, que nos confundimos y llegamos a creer que era un amigo sincero.
Frecuentemente comíamos juntos, en momentos difíciles, asumimos como propios un sinnúmero de problemas que siempre nos contaba, y nosotros le creíamos.
Una vez estuvo sin trabajo, y nos contó sobre un supuesto proyecto que tenía, y haciendo un esfuerzo, económicamente le ayudamos, pero como todo en la vida pasa, desapareció durante años, tanto que nos olvidamos de su existencia, y el espacio que tenía, se perdió o se rompió.
Hace unos días apareció muy contento, pensando que las cosas iban a ser como antes, quizás de manera inconsciente, lo traté muy fríamente, estaba tan diferente, que para estar segura de que era él, quise confirmar su nombre.
Pretendía reunirse con mi marido, pero este estaba impartiendo una clase virtual.
Ni siquiera me animé al abrirle la puerta, mientras él comenzó a recordar momentos del pasado, en los cuales disfrutábamos mucho que viniera a nuestra casa y comíamos juntos.
Antes de irse, me dijo que se acordaba de ese tiempo, que quería que coordináramos para que nos juntáramos, en casa para que como antes, yo cocinara.
Con toda la delicadeza, le dije que ya los tiempos cambiaron, que ya no hacemos las cosas de ese modo, que cuando queremos hacer ese tipo de compartir, elegimos un sitio, y compartimos los gastos.
Espero que haya entendido, y que borre de su mente el pasado, pues jamás volverá a ser igual, pues como dice José José: “Ya lo pasado, pasado.”
Por Epifania de la Cruz (epifaniadelacruz@ gmail.com / www.renacerparatodos.net)