Contar una historia que parece un juego

En el año 1976, teniendo yo apenas quince años, me dirigí junto a mis amigos del Club Luz y Progreso, del Ensanche Bermúdez, Nelson Checo y José de Luna a visitar para procurar asesoría para la creación de un grupo teatral, la casa donde vivía el poeta José Ulises Franco, ubicada en la avenida Juan Luis Franco Bidó, hoy avenida Juan Pablo Duarte, a esquina calle Beller.

Era la casa donde nació y vivió el Héroe de la Patria, Segunda República, el Restaurador Ulises Franco Bidó.

El poeta, nos indicó entrar por el pequeño y estrecho callejón y conversó con nosotros por la ventana lateral izquierda de la antigua casa, construida en tiempos de la independencia dominicana, donde le expusimos nuestra inquietud de crear un grupo de teatro folklórico.

Nos saludó efusivamente. Luego, se dirigió a un pequeño librero que tenía en la sala de su pequeña casa. La ventana, a pesar de que los tres amiguitos éramos muy pequeños, no nos impedía ver hacia su interior. Observé sus muebles antiguos de caoba y una mecedora de guano tradicional dominicano.

Extrajo un libro de unas cincuenta hojas, portada. Lo observó caminando en círculos por la sala, taciturno y algo dudoso. Ojeó suavemente. Se dirigió a nosotros y nos pidió nuestros nombres. Cada quien dijo el suyo mientras el poeta José Ulises Franco escribía en alguna hoja del ejemplar.

Era su libro preferido y popular: Cosas de mi Tierra (Cibao Adentro). Era un decimero folklórico sobre la vida de los antiguos pueblos del Cibao, la región de República Dominicana, al Norte, rica en cultura.

Nos leyó una décima y quedamos boquiabiertos. Su sonido era musical.

De ahí, nació la idea de darle forma al grupo y pusimos el nombre de «Cibao Adentro». En una de sus reuniones nos visitó el actor profesional José Checo, hermano de nuestro compañero de grupo, Víctor, quien recién llegaba de actuar en una película en México dónde en la que Andrés García era el protagonista.

Un día común de ensayos, nos dispusimos como era de costumbre, a limpiar el piso del local del Club Luz y Progreso, lugar de los ensayos. Fue el día en que el destino me jugó una partida de ruleta rusa a la que acepté jugar.

Quince años que, transcurridos veinte más, serían treinta y cinco, de los cuales veinte se perdieron en su propio tiempo.

Ocurrió un accidente dentro del local.  Ya enjabonado el piso, a alguien se le ocurrió lanzar el agua justo a mis pies y mi primer paso en ese jabón me hizo resbalar, yendo a parar a unos quince pies desde la caída, resbalando boca abajo, rodando con mis labios, desapareciendo al instante la formación juvenil de mi labio inferior.

Ramón Rodríguez, Monchi, fallecido ex dirigente y funcionario de los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana, PLD, fungía como el presidente del club en ese entonces, fue quien me llevó al hospital de niños Dr. Arturo Grullón, dónde me hicieron la cirugía reconstructiva del indicado labio.

Ese acontecimiento me trastornó la vida juvenil. Me alejé de Radio Cibao, emisora de Santiago dónde prestaba servicio como ayudante, mensajero y, por supuesto, como una cámara de video con audio; aprendía periodismo.

Hoy, todavía quedan secuelas de ese día, cuando no morí, pero sí como si lo hubiera.

Aprendí que la vida no es un trofeo. Es el esfuerzo obtenerlo.

Por Carlos Ricardo Fondeur Moronta
El autor es periodista y ensayista, residente en Santiago de los Caballeros

Comparte esta noticia en tus redes sociales: