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La suerte del pueblo dominicano

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daniel

La situación de “pandemia” que vive la República Dominicana, ha sido el detonante que ha servido para sacar a la luz una serie de deficiencias, todas en desmedro de los sectores más vulnerables, la primera de ellas es la debilidad de nuestro sistema de salud, sin perjuicio del efecto negativo de la crisis económica resultante.

Pero nada de eso importa, porque la suerte del pueblo dominicano es tan grande, que, sin importar la gravedad de la crisis sanitaria o económica, cuenta con los candidatos de uno y otro sector (gobierno y oposición), que se disputan el protagonismo por ser los responsables de suplir las necesidades de la gente.

No importa si las autoridades decretaron un toque de queda, lo importante es que el pan llegue a los “necesitados”, para que no se acuesten sin cenar (si tiene impresa la foto del candidato, mucho mejor).

Si el problema es de salud, específicamente relacionado con el contagio por coronavirus, pues el pueblo cuenta con hospitales móviles, donados por candidatos de oposición, cuya “preocupación principal es la salud del pueblo dominicano”.

Además, “como pueblo”, contamos con la donación de lámparas de luz ultra violeta, imprescindibles para reducir, de manera significativa, el tiempo de desinfección de aquellas áreas que han sido expuestas u ocupadas por personas infectadas por el COVID-19.

Sin embargo, esta especie de “luna de miel” entre pueblo y candidatos a puestos electivos, tiene una duración efímera, empieza con la época de campaña y desaparece una vez que ha concluido en certamen electoral, sin importar los resultados. Pues, a partir de esta fecha, desaparecen los compromisos y el pueblo, sin proponérselo, deja de ser el centro de atención y pierde su protagonismo.

Todos sabemos que, en circunstancias normales, estaríamos asistiendo a un escenario repetitivo: candidatos esforzándose para mostrarse al alcance de la población, políticos abrazando ancianitas, cargando niños (si son negritos y hambrientos, mucho mejor), vallas por todos lados, afiches por doquier afeando la ciudad, en fin, el mismo desastre de siempre.

Y como siempre, los fanáticos de uno y otro bando, tratando de justificar lo injustificable, con el ingrediente, al perecer incontrolable, de aprovechar las redes sociales para regar estiércol a diestra y siniestra, sin importar destruir reputaciones, si es que aún quedan reputaciones que cuidar.

¡Ahhh! la suerte del pueblo dominicano.

Por Daniel Rodríguez González

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