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Lunes, 6 de Apr 2020

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Saber vivir

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Deberíamos vivir el día a día con optimismo, con alegría y gratitud, aprendiendo a tener paz, muchas veces respirar antes que el corazón estalle, no temer por el mañana y no dejar de sonreír, aunque la muerte apremie.

Nuestra existencia, lo que muchos llaman vida, objetivamente y realmente es algo sencillo, nuestras aptitudes, ignorancias y falta de sentido común la complican y dificultan.

Vida es sinónimo de presente, lo que hagamos en ese trayecto que nos toque permanecer, es lo hay que cuestionar permanentemente.

La vida es una oportunidad para amar, luchar y morir por todo aquello que entendemos es nuestra razón de ser y existir. Dice el Papa Francisco, la vida no es para conservarla, es para darla, es la enseñanza que dejó Jesús.

Ella es un don especial como el día o la noche, muchas veces está en un abrazo que se funde entre dos, en una frase que te hace llorar, en la mano de un amigo que más que amigo es hermano. Otras tantas, cuelga de unas pupilas que te miran con la profundidad de un océano.

La meta debe ser cohabitar junto a los más nobles ideales de hombres y mujeres que han sido ejemplo de entrega y amor a la humanidad. dar sentido a nuestra existencia es lo más difícil, pero también lo más hermoso.

Subsistimos en estaciones peligrosas, periodos que requieren de nuestra firmeza, perseverancia en nuestros sueños y planes, únicas garantías de éxito para ti y los tuyos. Son los deseos y la fuerza con que perseguimos esos sueños lo que hace posible que, muchas veces, sigamos con vida.

El destino, es lo que cada quien construye día a día con sus actos cotidianos o no, conscientes o inconscientes. Lo más importante para todos es enseñar con el ejemplo, con el amor, con la equidad, hacer sincera nuestras intenciones y convertirlas en acciones positivas para los demás.

Pedir perdón a tiempo y tratar de no hablar de más, aprovechar todo el tiempo que se pueda para amar, orar y dar gracias al Altísimo por todos los sueños que nos permite realizar. Trabajar, aprender y disfrutar con responsabilidad, sin perjudicar a nadie. El holgazán y el ignorante muchas veces no perciben lo hermosa que puede ser la vida.

La vida será lo que decidamos que sea, puede que el 50 por ciento de la realidad no la hayas elegido tú, pero el otro 50% debemos decidir qué y cómo hacerlo, Dios no quiere todo el crédito para él.

A más de uno nos pasa que, en la carrera por lograr cosas materiales, descuidamos a su paso amistad, familia, dignidad personal, salud, en fin, la vida misma. Dice la santa palabra “poned la mira en las cosas de arriba y no en las de la tierra” (Colosenses 3:2)

Olvidamos mirar al cielo, a pesar de tener una vista privilegiada en este rincón del universo. El hombre de hoy rehúsa aceptar que hay un orden superior a su presencia.

Al final queda lo más importante, como el amor, lo que compartimos o hicimos por los demás, los amigos que se mantuvieron cercanos al pasar de los años, la familia; son los tesoros más preciados, aquellos que no pueden ser comprados ni vendidos.

Por Ebert Gómez Guillermo

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