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Lunes, 13 de Jul 2020

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Queremos justicia

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hector

Desde que los griegos representados por Atenas “cuna de la democracia” instauraron su sistema judicial, basado éste en gran parte, en las conceptuaciones clásicas de la sofistica en diferentes versiones y en la filosofía de Platón y Aristóteles se buscaba establecer; de manera inequívoca una institución popular que garantizara

un adecuado equilibrio entre el poder público y la libertad individual ese fue el ideal de Atenas en el siglo V a.c.

A partir del modelo social de justicia implementado por los griegos el mundo y las diferentes sociedades han pasado por distintas etapas, periodos, que representaron por mucho tiempo, la negación de todo tipo de derecho a la dignidad humana, esto se tradujo en regímenes: anárquicos, monárquicos y dictatoriales, hasta llegar al episodio más relevante e impactante de todos los tiempos, este episodio fue la revolución francesa de 1789, con ella nació un nuevo capítulo en la libertad del hombre. Con la abolición de la monarquía y la proclamación universal de los derechos humanos, mediante la cual se garantizaba al individuo (desde entonces con la denominación de ciudadano de la Republica) sus derechos iguales, sin distinción de clases ni abolengo social.

Ese modelo de derecho penal francés; novedoso y plural, impactó el sistema jurídico de diversas naciones en el mundo y es el modelo que se implementa actualmente en nuestro país.

Clamor de justicia: Una voz en el desierto
Cada vez que se produce un acto de abuso de poder o un acto trágico o delictivo o que vulnera los derechos humanos, resulta angustiante escuchar un grito el cual parecería como si se hubiera convertido en un “Clichet”, es un clamor que sale de muy adentro, un clamor de dolor, desesperanza e impotencia: “Lo único que pedimos es justicia, que esto no se queda ahí” ese pedido lastimero marca el ultimo dejo de una esperanza casi muerta, en un sistema de justicias permeado por la corrupción y el contubernio un “sistema de justicia” y por ende, nada confiable, pero aun así; el ciudadano común, en medida de una tragedia no le queda más que recurrir a esta consabida exclamación, como el que se está ahogando y en su desesperación, se agarra de lo que sea.

Es harto indignante y deprimente ver que el ciudadano común no cuenta con la protección ni la garantía social de una institución que al igual que otras, él paga con sus impuestos.

Una justicia maleable y carcomida
Esa justicia, que representa la tabla de salvación a la cual se aferra el ciudadano común, en su desesperación, generalmente no representa para el, el apoyo que precisa, esa estructura está permeada por la corrupción y el desorden, esa misma corrupción y ese mismo desorden que estila desde el poder a todas las instituciones del estado, esa justicia mercenaria responde a la oferta y a la demanda, situación que la convierte en un nauseabundo “mercado persa”, razón por la cual cuando en medio de una tragedia, escuchamos el pedido de justicia la esperanza inicial de la humilde persona, de que la misma se materialice, se convierte en impotencia, al tener que poner sus anhelos de justicia en manos de una “justicia” veleidosa y corrompida, como una vulgar prostituta que en última instancia responde al tráfico de influencia y al mejor postor.

Esa mezcla de indignación, impotencia y desesperanza, es la misma sensación que uno experimenta al solidarizarse con la dramática situación del ciudadano común que espera que se le haga justicia, sin la certeza de que llegue esa justicia y ello se explica, porque en esté país no funcionan la instituciones del estado, permeadas por el desorden que los pautan la instancias de poder, como puede creer el ciudadano común en una de esa instituciones que es la justicia, la justicia que funge como la “popea” de la impunidad, el abuso de poder y la corrupción.

La sociedad ve con estupor como en el marco de una justicia descompuesta un escándalo sigue a otro mayor, por ejemplo se puede preguntar ¿donde están las sanciones que por ley les están contempladas a los funcionarios que no hiciesen su declaración jurada de bienes en el plazo contemplado por la ley? El cumplimiento de esa ley no es importante porque persigue el propósito de acunar y proteger a los ladrones del estado. Las sentencias y tratativas de jueces corrompidos, abren una gran brecha; entre los que pueden comprar jueces y sentencias y los desprotegidos ciudadanos que no han cometido otro delito que ser de origen humilde.

Esa es la justicia que tenemos, una justicia en la cual el tramado de corrupción viene desde arriba, y no es extraño escuchar a uno de los jueces venales decir: (cuando el agua le llega al cuello) “que actuaron siguiendo” a uno de estos jueces venales decir (cuando el agua les llega al cuello) “Que actuaron siguiendo instrucciones superiores; ahí está el caso de los jueces Awilda y Arias Valera, la puesta en libertad del piloto y copiloto franceses que fueron detenidos con avión cargado de cocaína, los cuales, después de haberle dictado prisión domiciliaria, terminaron escapándose a su país, sus abogados franceses dijeron que esa acusación hecha a los franceses no tenía ningún valor pues había sido formulada en una republica “bananera” entre otros escándalos que señalar ahí están las libertades, mediante supuestos “acuerdos entre las partes”, mediante las cuales, individuos que debieron recibir sentencias equivalentes a la pena máxima por intento de asesinato agravado, salieron en libertad entre otros escándalos que señalaron hay están las libertades concedidas mediantes supuestos acuerdos entre las partes, mediante las cuales individuos que debieron recibir sentencias equivalente a la pena máxima por intento de asesinato agravado salieron en libertad en poco tiempo matando a sus respectivas exparejas, en caso de la libertad pura y simple dictada a favor de los venezolanos que fueron detenidos con un cargamento de drogas en fin estamos hablando de una justicia que bota pus por donde quiera que se le exprime.

Solo estamos hablando de unos pocos casos los cuales han conmocionado en su momento a la sociedad, porque ahí tenemos una joya de ministerio publico el cual lleva a cuesta innumerables casos de corrupción no resueltos tales como: OISOE, los tucanos, sobrevaluación de punta catalina, y el expediente pesimamente mal instrumentado del caso odebrech, caso este tan cantaleteando por la caricatura de procuradorcito que nos gastamos, pero que en justicia perece que tendrán que ser puestos en libertad todos los imputados, porque después del aparataje para detenerlos y estar una semana transportando furgones de supuestas pruebas ahora no aparece ningún receptor de los supuestos sobornos.

Podríamos agotar miles de cuartillas, citando las innumerables lindezas de muestra exquisita y eficiente “justicia”, pero más que eso, es importante que entendamos el dolor y la angustia sobrecogedora que significa ese dramático llamado, el clamor de la sensación de desamparo e inconsecuencia con un estado de cosas que lo menos que inspira en el ciudadano común es confianza en un sistema de igualdad jurídica social y humana.

Es el clamor de los desheredados de la fortuna, que en esta situación no tienen la menor esperanza de que sus derechos sean respetados y de que sus justos reclamos sean atendidos ¡queremos que se haga justicia!.

Por Héctor J. Pacheco

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