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A RAJATABLA: Será una fiesta, no un velorio

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El estreno de uno de los episodios más relevantes en el camino hacia la consolidación de la democracia política como lo es sin duda el sistema de primaras, parece convertirse en un indeseado factor de estrés para la población y propio liderazgo político.

Las primarias, instituidas en la Ley de Partidos, Movimientos y Agrupaciones Políticas, ha sido concebida para garantizar el derecho de las militancias partidarias y de todos los electores a escoger mediante el sufragio a los candidatos a puestos de elección popular, por lo que debería ser motivo de regocijo y no de aprensión.

La mayoría de los partidos desecharon ese sistema porque sus dirigentes temen al poder de las masas o a la capacidad de propias membresías para escoger por vía democrática a los candidatos a presidente, senadores, diputados, alcaldes y regidores.

El liderazgo partidario que infecta de igual manera a partidos de izquierda y de derecha, prefiere mantener bajo secuestro ese derecho y conservar un oligopolio que asume el control de las candidaturas y vetan ese derecho a las membresías.

El de la Liberación Dominicana (PLD) se erige como el único partido que escogió elegir sus candidatos a través de primarias abiertas, con lo que transfirió ese derecho a toda la población votante, estimada en más de siete millones de electores.

Se considera también que el Partido Revolucionario Moderno (PRM) ha hecho un aporte a la democracia al escoger el método de primarias cerradas para que su militancia seleccione la mayoría de los candidatos que presentará esa organización en las elecciones de 2020.

Todos lo demás partidos que prefirieron seleccionar a sus postulantes a través de asambleas o convenciones no creen o no valoran el derecho a elegir y ser elegido, menos aún en organizaciones de izquierda o de derecha consideradas de único dueño.

El PLD debería asumir con mucho orgullo y gran responsabilidad el reto de escoger sus candidatos en primarias abiertas, con la posibilidad de que millones de electores se interesen en sufragar por unos u otros aspirantes, lo que ayuda a consolidar una democracia que debe mucho a ese partido.

Se ofrece la falsa impresión de que el 6 de octubre la población ha sido convocada a un velorio o a una misa de novenario, pero la verdad es que ese día la democracia va a celebrar una fiesta por todo lo alto, cuyos anfitriones, el PLD y el PRM, prometieron poner la bebida, la comida y la música.

Por Orión Mejía

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