Que sea lo que sea

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Muchas veces solo podemos dejar que las cosas pasen, como imposible es evitar cuando la lluvia cae o el sol sale, así mucha veces tenemos que aceptar que los acontecimientos sigan su curso, como el agua de un rio o como un árbol que crece; sólo debemos observar, respetuosos y muchas veces cómplices de que sea lo que deba ser.

No hay que angustiarse si, en ocasiones, a pesar de no buscar o promover que ciertas cosas sucedan, los acontecimientos toman un rumbo inusitado, no necesariamente contrario a nuestros deseos, pero diferente a nuestro parecer. En tales situaciones no hay de otra que aceptar y respetar, aún los resultados no sean lo más favorables o anhelados.

Esto puede darse en una relación de pareja, en un negocio, entre amigos, de padres a hijos, etc. Muchas veces las cosas ocurren, como cuando uno espera algo de alguien y sólo recibe un porciento de lo esperado o no recibe nada.

Es un ejercicio de paciencia el que hay que hacer con la vida, en muchas ocasiones, cuando de la nada debes construir futuro para otros, perdiendo tu presente.

Hay que reinventarse cada día, empujar los sueños propios y ajenos, sin perder la fe ante las adversidades, tomando impulso en cada amanecer, haciendo catarsis en cada crisis, amando infinitamente todo lo cercano.

Hay que ser como pluma de alas que el viento mueve ligero y lejos, del ala a la que una vez pertenecimos, para quizá algún día, convertirnos en alas de alguien más, para volar y hacer volar, dentro y fuera de la familia, dentro y fuera, donde quiera que nos toque estar.

Saber que la vida es un don especial, como el día o la noche, respirar cada día un aire nuevo, diferente. Percibir la magnificencia de una gota de lluvia al caer y agradecer la bondad del oxigeno que nos permite existir. Entender que de nada vale tener riqueza sino se comparte o vendemos la conciencia, la dignidad.

Es difícil la vida, especialmente en esta época de violencia y mal gusto. La violencia lo mismo que el mal gusto tratan de imponernos sus modas, su lenguaje grosero, sus ritmos sin estilos, su forma de actual, sus bajos instintos.

Vivir y dar sentido a nuestras vidas es lo más difícil, pero también lo más hermoso. Cada día es una ocasión y una oportunidad de replantearnos las cosas.

Aquí hay muchas personas que dan lo mejor de sí, luego se van sin pedir nada a cambio, en muchas ocasiones, son héroes anónimos, al menos a eso debemos aspirar.

Por Ebert Gómez Guillermo

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