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Lunes, 10 de Dec 2018

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A RAJATABLA: Con los pies de barro

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Para el movimiento progresista, el escenario de América Latina se presenta lúgubre, matizado por expansión de expresiones políticas de extrema derecha y de cruento neoliberalismo en el plano económico, lo que se atribuye a errores de un liderazgo que incurrió en desviaciones o desaprovechó oportunidades difíciles de repetir.

La izquierda llegó a tener el control del poder o del gobierno de manera simultánea en Brasil, Venezuela, Argentina, Ecuador, El Salvador, Nicaragua, Uruguay y Bolivia, conquistado en elecciones libres organizadas por el “establishment”, sin que Washington pudiera hacer nada para impedirlo.

Sólo Pepe Mujica, de Uruguay, pudo inmunizarse ante la peste de la corrupción. Los demás sucumbieron ante las mieles del Poder o incurrieron en errores de naturaleza política, económica o social.

Ningún líder latinoamericano ha logrado en tiempos de post guerra fría el respeto, admiración y popularidad logrado por Inacio Lula da Silva, el líder del Partido de los Trabajadores de Brasil que consiguió con el voto lo que por décadas no se pudo con el fusil.

Hugo Chávez fracasó en un intento de golpe de Estado, pero después el pueblo de Venezuela lo convirtió en su líder y estadista, cuyo influjo se expandió por toda América, pero la patria de Bolívar está sumida hoy en una crisis política, económica y humanitaria, con un liderazgo disminuido, difuso e insolvente.

Los esposos Néstor y Cristina Kirchner gobernaron Argentina por 15 años, bajo la sombrilla del Movimiento Peronista, pero hoy la dama de hierro es procesada por corrupción y el país está a merced de un gobierno neoliberal que ahoga a los trabajadores de Evita y a la clase media.

Rafael Correa gobernó por ocho años a Ecuador, caracterizado por un gobierno progresista, aunque con algunos signos de totalitarismo, pero hoy esa figura de izquierda estudia la posibilidad de pedir asilo en Bélgica, asediado por al aparato judicial de su propio pupilo político.

Los comandantes del FMLN dejaron las armas y se acogieron a las leyes de la democracia, en base a la cual accedieron al Gobierno, donde algunos de sus alumnos también se enfermaron de corrupción y el pueblo de El Salvador es tan pobre y marginado como antes de la guerra.

En Nicaragua, Daniel Ortega accedió al Poder impulsado por una de las más bellas revoluciones democráticas de América, pero terminó aliado a la oligarquía nica, con la que ahora, él y su mujer se han peleado y la tierra de Sandino sigue siendo escenario de injusticia.

No culpen al imperio por el triunfo de Bolsonaro, ni por la cárcel que le espera a Cristina, ni por la prisión de Lula, ni por los errores de Maduro, ni por el exilio de Correa, ni por la corrupción en el FMLN. La mayor responsabilidad por el retroceso recae sobre una izquierda delirante, infectada de corrupción, con los pies de barro.

Por Orión Mejía

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