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A RAJATABLA: Debate de insultos

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El debate sobre temas políticos, económicos o sociales debe siempre suscitar interés, sentido de oportunidad, acercamiento a la verdad o a la razón, expandir conocimiento y respetar derechos del oponente tutelados por la Constitución y las leyes.

El ejemplo más cercano sobre una discusión provechosa es la suscitada sobre el desempeño de la economía, que según la

oposición su crecimiento se mantiene estancada o ha retrocedido o gira en círculo, alentado por el endeudamiento.

No pocos políticos y economistas han asumido ese planteamiento, pero son menos los que han aportado datos, cifras o situaciones concretas que sostengan tan peregrino criterio, lo que contrasta con quienes desde otro litoral oficial ofrecen resultados sobre crecimiento de la economía.

Aun así, el ciudadano ordinario sigue con interés ese debate que lo ayuda a familiarizarse con conceptos de la economía tales como déficit fiscal, endeudamiento, ingreso y gasto público, reservas del Banco Central, remesas, inversión extranjera, presión tributaria y el PIB.

Camadas de políticos, economistas y comunicadores han desvirtuado la posibilidad de generar saludables debates sobre temas de interés para la ciudadanía, los que degradan a niveles de pleitos callejeros sostenido en el insulto o la mentira.

Quien carece de razón para debatir sobre un tema específico acude al empleo de expresiones afrentosas, acusaciones infames, en el entendido de que puede derribar a su oponente a garrotazos.

A quienes defienden políticas públicas esenciales se les endilga desde litorales de intolerancia el mote de “bocinas” pagadas por el Gobierno, pero algún día se sabrá con nombres y apellidos las fuentes de financiamiento de comunicadores “independientes” que van a misa los domingos o que hacen gárgaras con la honra de los otros.

Hace tiempo que he convidado a quienes opinamos cotidianamente por radio, televisión, prensa escrita o redes sociales a bañarnos con cloro y colocar todo nuestro historial en la tendedera pública, para que por propios ojos, todos los vecinos se enteren o comprueben nuestro historial.

El debate sobre desempeño económico demostró que la economía crece por encima de su potencial, que prevalece estabilidad monetaria y control de inflación, que la deuda pública es sostenible, que aumenta el ingreso de divisas, que las reservas del Banco Central alcanzan para cuatro meses de importaciones y que la demanda interna se expande.

A lo que se aspira ahora es a que se generen discusiones abiertas, amplias, decentes sobre la corrupción pública y privada, la pertinencia o no de la reelección presidencial, la escogencia de los jueces de las Altas Cortes y otros temas que suscitan interés y atención de la población. Primero hay que fumigar contra el insulto y la diatriba.

Por Orión Mejía (orion_mejia[@]hotmail.com)

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