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Domingo, 23 de Sep 2018

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A RAJATABLA: El velorio o la fiesta

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La Ley de Partidos y el debate vuelve loco a cualquiera, porque es difícil entender los objetivos que buscan los que la defienden u objetan dentro del partido oficial y en la oposición y por qué ese estatutoda libertad a las organizaciones partidarias a escoger sus candidatos como mejor les parezca.

Se admite que los partidos no han logrado tutelar por sí mismos el derecho de sus afiliados a elegir y ser elegidos, peor aún,

que esa prerrogativa ha sido secuestrada por una oligarquía partidaria, lo que hace razonable lo de primarias abiertas.

Se acepta también que el militante de un partido adquiere una especie de derecho patrimonial que es vedado a los ciudadanos que no forman parte de su membrecía, por lo que también es válida la fórmula de primarias cerradas.

Los partidos Revolucionario Moderno y Reformista Social Cristiano votaron por una ley que sus líderes dicen no cumplirán, al anunciar que sus primarias serán cerradas, sin haber consultado a sus órganos de dirección, como manda ese estatuto.

En el PLD se dice que el presidente Danilo Medina controla hasta la respiración, pero sus rivales prefieren que los candidatos sean electos en primarias cerradas, lo que supondría que la corriente presidencial arrasaría en unos eventuales comicios bajo esa modalidad.

El doctor Leonel Fernández inició su campaña en pos de una nueva postulación desde afuera hacia adentro, es decir con caravanas, recolección de firmas, por lo que parecería una contradicción que apueste por primarias cerradas.

Desde el litoral de Fernández se afirma que las primarias abiertas violan la Constitución, parecer que tendría que determinarlo el Tribunal Constitucional, aunque es posible adelantar sentencias mundanas como “Lo que es igual no es ventaja”.

La infección que afecta a la Ley de Partidos agravó la crisis en el PLD y ha contagiado al principal partido de oposición, que en el Congreso no pudo ocultar sus enaguas, pero lo más gracioso es que a la población no le interesa si se aprobó el peso y medio o el uno con cincuenta.

El liderazgo del PLD todavía permanece en el velorio de esa ley, pero el pueblo se fue para la fiesta del Metro y del Teleférico, porque prefiere disfrutar del progreso antes que llorar a un muerto que está sudando, con dolientes que aguardan por el entierro para pelear la herencia.

Confrontar la legalidad de ese estatuto en el TC sería como valorar más a la sal que al chivo, porque no es prudente elegir un escenario jurídico para dirimir un conflicto político. Cuando esa alta corte emita un fallo a favor o en contra habrán pasado los nueve días de la unidad del PLD.

Lo mejor sería que Danilo y Leonel salgan del velorio de la Ley de Partidos y acompañen al pueblo en la fiesta del Metro y del Teleférico, donde los dos pusieron la música y la bebida.

Por Orión Mejía (orion_mejia[@]hotmail.com)

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