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Conciencia Nacional

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nelsido

En la República hay una franja importante de la población que ronda casi el 60%, la que dice en las encuestas que no se siente identificada con ninguno de los partidos del sistema electoral dominicano.

Es a partir de ahí que un nutrido grupo de hombres y mujeres intelectuales, profesionales y personalidades sin compromisos políticos ni partidos han iniciado el recorrido por cada rincón del país para dar a conocer la entrada del “Movimiento Conciencia Nacional”.

Al frente del nuevo espacio apolítico está la recia figura del doctor Emmanuel Esquea Guerrero, acompañado de los reconocidos y ex funcionarios de estado Eulogio Santaella, Federico Lalane y el arquitecto Leopoldo Franco, como cabezas visibles del espacio, quienes han iniciado los contactos con personalidades independientes, dirigentes sindicales, sociales, empresariales y comunitarios a quienes les explican los fundamentos del nuevo movimiento.

Para esos líderes, los jóvenes son importantes porque son los que en el futuro dirigirán los destinos del país, en cuyos hombros descansará la restauración de la democracia que está destruida.

En este instante el Movimiento Conciencia Nacional viene a ser una especie de refresco ante las nebulosas que han ensombrecido la nación, a partir de una justicia que no suena la malleta frente a casos engorrosos de corrupción, de impunidad y de robo abierto al erario.

Conciencia Nacional buscará la unificación de los partidos políticos y sectores sociales en procura de alcanzar un cambio democrático.

Los mentores del movimiento persiguen aglutinar la mayor cantidad de sectores representativos de la población en un frente democrático que, enarbolando los mejores intereses de la nación dominicana, permita un cambio de política y de políticos en el país.

Al doctor Emmanuel Esquea le escuchamos decir que quienes integran ese movimiento pasan de los 70 años, y desde ese punto de vista hacen entender que lo que persiguen es una mejor nación con principios e ideales inspirados en los padres de la dominicanidad.

Por Nélsido Herasme

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