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Miercoles, 15 de Aug 2018

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A RAJATABLA

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Sin argumentos para degradar o descalificar la construcción del Teleférico de Santo Domino, se llega a decir que ha sido como regalar un carro de lujo a una familia pobre, que no tendría capacidad para usarlo, o que ese sistema de transporte ofrece una vista panorámica de la miseria que padecen muchos barrios populares.

Quienes parecen haber descubierto ahora esos escenarios de inequidad son los que objetan que desde Villa Mella, Gualey o la Charles de Gaulle la gente pueda abordar un moderno vagón del Metro o una espléndida cabina del Teleférico, porque lo más lejos que han llegado esos detractores ha sido a Gascue o Ciudad Nueva.

El presidente Danilo Medina ha convocado a ingenieros y promotores inmobiliarios para instarlos a que agilicen la Ciudad Juan Bosch, un moderno asentamiento en el que se erigen 25 mil apartamentos, que será inaugurado en junio. Esperen las críticas sin sentido hacia esa iniciativa.

Dicen que el Gobierno “dilapidó” casi tres mil millones de pesos en el teleférico, para “solo beneficiar” a 300 mil personas residentes en barrios carenciados del Distrito Nacional, Santo Domingo Norte y Santo Domino Este. Eso es como “sica de coli” ante los 240 mil millones de pesos anuales que recibe el sector privado en exoneraciones y exenciones.

Resulta una tontería cercana a la estupidez objetar la construcción de una obra beneficiosa para sectores carenciados bajo el argumento de que no se han levantado otras no menos importantes, lo que se debe pedir es que se ejecuten las que faltan.

¿Cómo dejar de construir un camino vecinal bajo el argumento de que aún no se ha ejecutado un programa de letrinización en las comunidades impactadas por esa obra vial?

Todos los días, incluido el de la fiesta de guardar, se debe reclamar al Gobierno que dote a la población de agua, electricidad, escuelas y otros servicios básicos, pero no se debe objetar que se construyan los proyectos habitacionales como la Nueva Barquita, Ciudad Juan Bosch o la rehabilitación del barrio Domingo Savio.

Esa gente no cesa de criticar la situación del sistema público de salud, sin reconocer que el Gobierno intervino 74 hospitales, de los cuales ya ha habilitado y reequipado cerca 40 y que está por terminar una Ciudad Sanitaria donde operaba el hospital Luis Eduardo Aybar, en el centro de la pobreza capitalina.

El teleférico dignifica la vida de cientos de miles de personas que dispondrán de un moderno sistema de transporte con conexión al Metro de Santo Domingo y a una red alimentadora de autobuses. Es válido reclamar del Gobierno mayor combate contra la pobreza, pero objetar esa obra constituye una expresión de torpeza y estupidez de gente con más amargura que el acíbar.

Por Orión Mejía (orion_mejia[@]hotmail.com)

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