www.dominicanoahora.com

Síguenos

Viernes, 17 de Aug 2018

Ultima Actualización:05:47:33 AM GMT

Ud. está aquí: OPINION Columnistas Lo que tenemos que cambiar

Lo que tenemos que cambiar

E-mail Imprimir PDF
ebert

Nuestra civilización, seguramente será recordada por su incapacidad de dar respuestas a problemas solucionables y urgentes, como el hambre de millones por un lado, y la abundancia y el desperdicio por otro.

Las personas y las sociedades se han atado a demasiados convencionalismos, estos en

lugar de contribuir al respeto del hombre por la vida y sus orígenes, lo han contrapuesto, volviéndonos enemigos, haciéndonos más individuales y distantes.

Se sigue depredando el planeta, se continúa matando la tierra, seguimos contaminando los ríos y los mares, matando los peces, extinguiendo las especies, todo en nombre del progreso de algunos y la pobreza y hambre de muchos.

El deterioro del ambiente social está intrínsecamente relacionado con el deterioro del medio ambiente. La inequidad es la madre y raíz de los principales males sociales. En su momento, la “humanidad” tendrá que asumir la responsabilidad de comenzar a construir con armonía, la justa distribución de deberes y beneficios entre los habitantes de cada nación,

Habla a través de su encíclica Laudato Si (alabado sea), El Papa actual Francisco, para aquellos hombres que aún sienten a Dios en sus corazones. Proclama que las injusticias no son invencibles, explica que, la visión que consolida la imposición del más fuerte ha propiciado inmensas desigualdades.

No es razonable Dice, que los beneficios del planeta favorezcan sólo a unos pocos; habla del peligro que implica tanto poder concentrado en un pequeño grupo de personas. Ese pequeño grupo, puede llegar a pensar que el bien y la verdad brotan y dependen de ese poseer económico y tecnológico.

Invita a construir gobiernos donde se imponga una justa distribución, pone su fe en la capacidad que tiene la libertad humana para orientar los avances tecnológicos al servicio de un progreso más sano, social e integral, con la pasión de ayudar a otros a vivir con más dignidad y menos sufrimientos.

Realmente no es de paz ni tranquilidad el mundo que vivimos, en vano tratamos de encontrar silencios y sosiegos y no lo encontramos. El día y la noche están llenos de ruidos, golpes y violencia que amenazan la vida. Pocos oramos y miramos al cielo, no apreciamos en él sus señales y avisos.

Las grandes mayorías están distraídas, quieren disfrutar la vida y más bien parecen liquidarse en un abismo, en ese mismo abismo que nos encontramos. No buscamos la meditación y el cuidado del alma, más bien procuramos del disfrute de la carne, la gula y los vicios.

Por este camino, el futuro de la humanidad peligra. La maldad va ganando espacio por cada indiferencia, resignación o negación. El hombre no ha alcanzado ni alcanzará la felicidad, la justicia y la paz de esta manera.

Es difícil, más no imposible, cambiar las conductas inadecuadas que durante tanto tiempo ha tenido la humanidad. Algún día aprenderemos quizá, que los diamantes y metales de la tierra no se comen, respiran ni quitan la sed, esas riquezas nunca son para ayudar a los que más necesitan.

Implicará cambiar las formas y manera de relacionarnos como seres iguales, también con nuestro medio. Hacerlo, poniendo al servicio de todos los avances del conocimiento científico y las nuevas tecnologías. Propugnando por la paz en el planeta y la eliminación de las armas de todo tipo.

Nunca perderán razón la libertad y el derecho a comer de tantos millones de personas, hacernos compromisarios de cuidar y preservar una mejor calidad de vida, cuidar los bosques, los ríos, la pureza del aire, proteger todas las especies animales y vegetales; en fin respetar la vida, y los derechos adquiridos por el hombre, en todos los sentidos.

Por Ebert Gómez Guillermo

Compatir