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Sabado, 22 de Sep 2018

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A RAJATABLA: De vida o muerte

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La militancia peledeísta no propugna ni aspira a que el liderazgo del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) resuelva sus diferencias mediante algún tipo de solución filistea o de conveniencia personal o grupal, sino a través de un consenso basado en los principios primigenios de la organización y en el mejor interés de la nación.

Todavía no estoy convencido de que el tema sobre primarias abiertas o cerradas sea un asunto de principio para ser defendido o atacado a riesgo de erosionar la ya endeble estructura unitaria del PLD, afectada también por vicios de indisciplina y grupismo.

Tampoco creo que el epicentro de ese debate se ubica en la defensa o el ataque a la Constitución de la República, aunque si así fuera, el problema se solucionaría con una sentencia del Tribunal Constitucional, lo que obviamente no resolvería el conflicto a lo interno del PLD.

He aquí algunas preguntas que debería responder el liderazgo del partido morado: ¿Las primarias abiertas o cerradas garantizan la unidad del PLD? ¿El Partido respalda al Gobierno? ¿El Gobierno reconoce la autoridad del Partido? ¿Se respeta en el PLD el centralismo democrático?

Me parece un acto de irresponsabilidad del Comité Político dejar a la voluntad de la mayoría congresual peledeísta decidir sobre una Ley de Partidos que incluya o no primarias cerradas o abiertas, porque esa es una decisión política que ese organismo no debió sacarle el cuerpo.

Lo que ha ocurrido es que se ha canibalizado en el Congreso la discusión sobre ese tema y ante la ausencia de coordenadas claras de la dirección del PLD, se abren compuertas para insólitas alianzas entre oposición y legisladores disidentes, por lo que fuerzas políticas externas ya inciden en el conflicto del partido oficial.

Ahora resulta que la posible aprobación del proyecto de Ley de Partidos con primarias abiertas, agravará la crisis del PLD, como también la profundizaría si se incluye primarias cerradas o si zozobra la pieza legislativa, señal de que con esa discusión nada más se pierde.

Llama la atención que esa crónica de una división anunciada se escribe de ambos lados, en el mejor momento de la gestión del gobierno del presidente Danilo Medina, que hasta prueba en contrario, es también del PLD, como lo demuestran Punta Catalina, Río Grande, Ciudad Juan Bosch, ampliación de la Seguridad Social, decenas de hospitales remodelados, 4 % a la educación, etcétera.

La idea de imitar al can que intenta morderse la cola, no sólo es imposible de materializar, sino que agravaría un conflicto interno y acarrearía graves consecuencias a la gobernanza y a la economía de la nación. Halar la cuerda en dirección contraria constituye un grave error político.

Por Orión Mejía (orion_mejia[@]hotmail.com)

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