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Martes, 22 de Mayo 2018

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A RAJATABLA: Del uno al cien

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Tocar aun sea con el pétalo de una rosa “la lucha contra la corrupción y la impunidad” constituye un alto riesgo de lesión reputacional para quien incurra en esa temeridad, por lo que adelanto que no pretendo cometer ese pecado capital, sino reflexionar sobre el cometido de tan magnificente cruzada cívica.

En una lista numerada del uno al cien donde se incluyan en orden descendente las falencias económicas, jurídicas, políticas y éticas en

contra de las cuales se requiera de la más amplia movilización social, no sería objetable que la encabezara la lucha contra el peculado.

El mentado movimiento social debería consultar con los ciudadanos si sería prudente incluir en las movilizaciones, aun sea en lugar subordinado, el reclamo de aumento general de salarios, contra la evasión, elusión fiscal y contrabando, monopolio y oligopolio o quizás también reclamar la firma de los pactos Fiscal y Eléctrico.

Se admite que corrupción e impunidad es un flagelo que daña el tejido económico y social, pero debería entenderse que la corrupción también drena al sector privado, especialmente por complicidad con el sector público, por crímenes fiscales, lavado de activos y prácticas desleales, como domping, monopolio y oligopolio.

No parece razonable que la lucha contra la corrupción e impunidad se centre en el pedido de juicio político contra el presidente Danilo Medina, como si con su lapidación, injusta por demás, la nación resolviera todos sus problemas económicos, políticos, sociales e institucionales.

Danilo Medina se erige hoy como uno de los mandatarios más progresistas del continente. Si usted lo duda, revise la lista. República Dominicana encabeza a las economías del continente en sostenibilidad del crecimiento y en redistribución del ingreso.

La lucha contra la corrupción e impunidad es hoy una consigna difusa, promovida en América Latina por la derecha política y grandes intereses corporativos, que en ningún modo procuran el saneamiento de la Administración Publica, sino desplazar a gobiernos progresistas y reinstalar gobiernos neoliberales. Como ejemplos se señalan a Brasil, Argentina, Honduras y Guatemala.

En Brasil, la derecha disfrazó un golpe de Estado contra la presidenta Dilma Rousseff bajo la acusación de que dispuso la transferencia de recursos de una cuenta pública a otra, práctica administrativa común que se realiza para mejorar la calificación de los bonos soberanos brasileños.

Luiz Inácio “Lula” Da Silva, en cuyos gobiernos cerca de 40 millones de brasileños fueron rescatados desde la pobreza extrema, fue condenado a 12 años y un mes de prisión por corrupción pasiva y lavado de activos, basado en un apartamento de 200 mil dólares, cuya adquisición, uso o propiedad ha negado.

Por Orión Mejía (orion_mejia@ hotmail.com)

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