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Violencia versus felicidad

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La felicidad es imposible conseguirla a través de métodos violentos, “No adelantamos pasos si al liberarnos oprimimos a otros”. La afirmación a propósito de las guerras y ataques terroristas que entristecen tantas sociedades en todo el planeta. Como país también nos toca reflexionar en relación a tantos femenicidios y todo tipo de abusos que se ejecutan contra la mujer y en el seno de nuestras familias.

Para modificar un comportamiento o conducta negativa, el primer paso es aceptar que estamos en falta. Lo real es que vivimos, desde la fundación de la República, en una sociedad violenta. Lo segundo que deben admitir nuestras autoridades es que, esa violencia se ha ejercido e impulsado, en muchas ocasiones, con la actuación de los sucesivos gobiernos que han dirigidos y dirigen al Estado Dominicano.

No es la intención acusar a nadie, la aptitud más necesaria y sensata, en estos momentos, no es señalar culpables sino buscar soluciones. Nadie con conocimiento mínimo y con dos dedos de frente debe negar que, desde siempre se ha ejercido violencia, impunidad, injusticia, discriminación, etc. Y que han sido estas actuaciones las que nos han llevado a nuestro estado actual.

La violencia, en todas sus manifestaciones, debe ser combatida, pero no con más violencia. Está demostrado que las sociedades en todo el mundo, han logrado cambios, no gracias a más violencia, ni acciones que no conlleven un alto grado de concienciación profunda de parte de los principales actores que componen cualquier tipo de sociedad.

Concienciación, justicia, misericordia y mucho amor serán los motores, hoy más que nunca, los que harán posible lograr cambios, pero sólo si somos capaces de ver de dónde viene esa violencia que a diario cobra tantas vidas, de la mujer que es maltrada por su pareja, de la delincuencia que mata de manera inmisericorde, de la falta de justicia y equidad desde las esferas de poder.

Repito, no se trata de señalar culpables sino de buscar soluciones, entre tantas situaciones que nos agobian. Para ello hay que emplearse a fondo, comenzando por aplicar una justa política de género, invirtiendo más en educación, creando más fuentes de empleos y también especializar los poderes facticos encargados de combatir la delincuencia.

Exhorto y convoco, de manera humilde por este medio, a todos los actores sociales, a las autoridades del gobierno, a las iglesias, a las instituciones de las Fuerzas Armadas y Policía Nacional entre otras, para que hagan un alto, en la manera y forma en cómo hemos abordado y/o enfrentado, tanto el fenómeno de la delincuencia como el de la violencia, en toda su extensión.

La madre y raíz de la violencia reside en la abismal desigualdad de los derechos económicos, sociales y culturales, en la impunidad y discriminación al momento de aplicar justicia. Finalmente reitero que, el éxito en combatir la violencia y criminalidad, dependerá primero en aceptar de dónde proviene el origen de la misma.

Por Ebert Gómez Guillermo

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