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Viernes, 28 de Jul 2017

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Cesar Medina, un mercenario del periodismo

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Antes de adentrarme en mi análisis, quiero dibujar –a grosso modo– el concepto de mercenario, el cual es atribuido a una persona sin ningún tipo de criterio o consideración hacia los demás, que actúa por conveniencia propia. Asimismo, este singular personaje se considera un sicario o asesino a sueldo que, regularmente, acciona por encargo de otro.

Dicho esto, me referiré a un caso ocurrido la semana pasada, cuando haciendo uso de su peculiar característica carroñera como mercenario del periodismo, el señor Cesar Medina, utilizó un espacio en un periódico nacional, para atacar de forma visceral a la integridad personal del Ing. Juan Temístocles Montas, detenido en la cárcel de Najayo, por el caso Odebrecht, a quien señaló como un hombre acabado, condenado a una sentencia emanada, no por un juez competente, sino por las consideraciones provenientes de su perversa opinión.

En sus publicaciones, tituladas: “Temo: ¡qué pierde!” & “V de, La Victoria” –ambas, con escasos seis días de diferencia entre sí–, Cesar Medina, dejó entrever su debilidad como profesional de la comunicación y su falta de criterio ético, al referirse en los términos que utilizó para mancillar la honra de una persona desprovista del derecho a la réplica.

En su primer despropósito, este señor, pone en entredicho las cualidades morales que adornan a Temístocles, tildándolo de mal agradecido, ambicioso y traicionero, para finalmente dictaminar su aniquilación, al considerar su detención como “uno de los derrumbes políticos más espectaculares de los últimos tiempos”.

De igual forma, lo califica como incapaz para poseer méritos propios –ni profesionales, ni políticos–, insinuación que deja evidenciada cuando señala que esos valores, son atribuidos a una apreciación “muy particular” del alto dirigente político, no así por su trayectoria personal.

Luego, en su segunda publicación, continua su narrativa, dibujando con pelos y señales –de manera burlona–, la escena tormentosa atravesada por Temístocles, durante su traslado a la prisión, dejando en el ambiente de su perorata, una nota sarcástica que sugiere a las autoridades penitenciarias actuar con apego irrestricto a las normas en contra de cualquier privilegio para los acusados.

Evidentemente, ambos artículos, contaron con una voluntad perniciosa por ultrajar moralmente a Temístocles, y denotaron en Cesar Medina, una actuación de bajeza desleal con su propia condición de comunicador, que reafirmó nuestro criterio cuando lo calificamos como un vulgar mercenario del periodismo.

El tipo de referencia que hace Cesar Medina, sobre Temístocles Montas, constituye una afrenta a la dignidad humana –no solamente de Temístocles, sino de todos aquellos que están en igual situación–, y buscan como resultado, aniquilar la honra del detenido ante la opinión pública, sabrá Dios, bajo cuales fines o propósitos malsanos.

Y, decimos esto, no por defender a Temístocles, a quien consideramos una persona íntegra –hasta tanto un tribunal demuestre lo contrario–, sino porque el ejercicio de la comunicación se ha vuelto un negocio donde pululan elementos inescrupulosos como Cesar Medina, que ejercen el periodismo como una labor de sicariato al servicio del mejor postor.

En reiteradas oportunidades, este “ilustre personaje del periodismo”, ha utilizado un espacio prestado por un canal de televisión, para detractar a importantes figuras de nuestra sociedad, dejando evidenciado que el propósito fundamental de esas acciones, es mantener su influencia dentro de las élites de poder que lo promueven.

Tanto es así, que en el año 2007, al actual presidente, Danilo Medina, lo llamó mezquino y resentido político, asegurando en ese momento que jamás llegaría a la presidencia de la república.

Un tiempo después, en el año 2015, utilizó ese mismo medio, para lanzar un cubetazo de m..., al expresidente Leonel Fernández, cuando lo llamó torpe e incluso, lo acusó de conspirar contra la unidad del PLD, si no permitía la reelección de Danilo Medina.

“Jarabe para la memoria”
Cesar Medina, pretende sepultar políticamente a Temístocles Montas, cuando lo presenta como una persona desleal, primero, frente a Leonel Fernández, y luego, frente a Danilo Medina. Sin embargo, se le olvida que en el pasado, fue él (Cesar Medina), quien desconsideró a Danilo, cuando defendía la reelección de Leonel. Y, tiempo después, traicionó a Leonel, cuando sus intereses se movieron hacia el litoral de la reelección de Danilo.

No obstante, pese a todo eso, Cesar Medina, continua siendo un influyente funcionario de los gobiernos del PLD.

Indudablemente, “Don Cesar Medina”, ha sabido manejarse como un gran oportunista del periodismo y un habilidoso trepador de la política, que ha sabido navegar en la dirección del viento que más le convenga, convirtiéndose en un adulador cuando se trata de ensalzar a alguien y transformándose en un mercenario cuando las circunstancias así lo amerita.

Definitivamente, el hecho de que existan comunicadores que sirven como mercenarios del periodismo, es una muestra fehaciente del deterioro que experimenta nuestra sociedad, teniendo como principal responsable de esa situación a la clase política –desde Trujillo, Balaguer, Leonel e Hipólito, hasta Danilo–, que paga para que esos individuos desarrollen un ejercicio de sicariato, que actúa asesinando moralmente a todo aquel que represente un obstáculo.

Finalmente, quiero dejar a la consideración de todos, la siguiente reflexión:

“Está demostrado que cuanto más intensa es la agresión, más evidente será el rencor que el agresor guarda en su corazón”.

Por Fitzgerald Tejada Martínez
*El autor es dirigente del PLD
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