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Donald Trump soberbio emperador

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Carece de fe en la humanidad y asoma mala intención hacia la misma, desconoce la deuda histórica acumulada de Estados Unidos con las demás naciones, a las cuales pretende ahora cerrar las puertas del imperio. Quien así se proclama, olvida que América no es un solo país, y que tampoco son, los “Americanos” de la actualidad, los pobladores originarios de estas tierras.

Parece ignorar que lo mejor para su país no es lo más conveniente para el resto de América y del mundo. No juzga ni “J” de las consecuencias de sus decisiones unilaterales. La manera más baja de amar a su país es odiando la nación de otros hombres, dijo hace muchos años José Ingenieros. El lobo, después de tanto ser anunciado llegó y sin ningún disfraz.

Su pedigrí es para nada alentador, sus adversarios políticos lo han acusado de corrupto, en los Papeles de Panamá, propone incrementar los gastos militares y defiende la Segunda Enmienda de la Constitución Estadounidense, que ampara el derecho ciudadano a poseer armas de fuego.

Dice oponerse a las regulaciones internacionales para preservar el Medio Ambiente a la vez que se contradice, cuando por un lado, aboga por la no intervención en la política exterior de otros países, aunque con sus decisiones, afecta directamente a los mismos.

Nacionalista y proteccionista en extremo, atributos que estereotipan a autócratas del pasado. De personalidad impredecible, incoherente y manipulador, defectos que le permitieron obtener ganancias en su elección como actual presidente de Estados Unidos. Es vital que otras naciones se cuestionen, en este momento, sobre ¿qué hacer? ante quien, deliberadamente, pretende atentar contra la vida y la salud del planeta.

Algunas naciones ya han decidido enfrentarlo, como el nuevo Gobernante Francés. Es época de muchos héroes. Con el actual rumbo, Estados unidos amenaza con su poderío, el aire que respiramos, el agua que bebemos y los alimentos que consumimos.

El Señor Trump no comprende que el mundo no es el mismo de hace tres décadas, cuando escribió su librito, y es precisamente, la negociación sobre bases justas e igualitarias, la garante ideal para preservar paz y progreso para todos. Ocultar la verdad Borrando el pasado, ya no es posible.

Estados Unidos, en su trayecto histórico, es parte en la repartición de riquezas del planeta, en muchos casos, producto de saqueos y robos a naciones más pequeñas y menos avanzadas, este señor dice ahora, “no tenemos nada que ver con ustedes”.

Puede que de alguna manera, este nuevo administrador del Imperio, considerado por sus contendientes como airoso, xenófobo y racista, contribuya para despertar, de una buena vez, al resto de América por tanto tiempo dormida; aprovechar esta coyuntura para fortalecer nuestras economías y culturas, con políticas propias y Latinoamericanas.

En fin, durante los siguientes cuatro años, si Dios y el pueble estadounidense no meten su mano, todo el planeta se hallará en una alerta máxima ante la tormenta Trump, que pica y se extiende. Una exhortación, comencemos a orar, la fe mueve montañas y hasta emperadores.

Por Ebert Gómez Guillermo

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