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Mujer musulmana fue obligada a mostrar su toalla sanitaria con sangre durante registro aeropuerto

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Zainab-Merchant

Zainab Merchant, estudiante de posgrado de la Universidad de Harvard y fundadora y editora del sitio web Zainab Rights, deseaba viajar de Boston a Washington D.C. para dar una charla que tenía programada. Sin embargo, como mujer musulmana, era consciente del patrón aterrador que suele caracterizar sus experiencias de viajes.

Merchant, quien vive en Orlando, Florida, ya sabía lo que tenía que hacer. Sabía que debía llegar al aeropuerto mucho antes de las dos

horas recomendadas antes de que partiera el vuelo ya que esperaba que los agentes de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA, por sus siglas en inglés) la llevasen a un lado, hurgaran en sus maletas y la sometieran a revisiones y registros adicionales. Afirmó que en los dos últimos años esa dura experiencia se ha convertido en su nueva realidad.

Sin embargo, lo que no esperaba era que un oficial de la TSA le dijera a los otros agentes del puesto de control de seguridad que necesitaba “hacer un registro más profundo” tras palpar públicamente la zona de la ingle de Merchant.

Merchant contó que al inicio se resistió y les dijo a ambos agentes de la TSA que estaba en su período y por eso llevaba una compresa. Insistió además en que cualquier registro adicional se hiciera en público, por temor a que si entraba en una habitación privada sin otros testigos, la situación empeorara.

No obstante, según Merchant, los funcionarios de la TSA se negaron y le dijeron que si no obedecía, intervendrían los policías estatales que estaban a la espera. Presionada para someterse a un registro privado y sin poder llamar a su abogado, fue conducida a una habitación donde los agentes de la TSA le pidieron que se bajara los pantalones y la ropa interior, le comentó al HuffPost.

Horrorizada y sola, dio su consentimiento y mostró su compresa con sangre, contó. Después de cumplir con la solicitud tan extraña e invasiva, les pidió a los oficiales sus nombres y números de placa para informar sobre la horrible experiencia, pero los oficiales de la TSA cubrieron sus placas con las manos y se alejaron, comentó.

El inquietante incidente fue solo uno de los tantos casos de perfilado y registros excesivos que Merchant, de 27 años, dijo haber soportado en los últimos dos años. Desde septiembre de 2016, ha pasado por una serie de lo que la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) denominó “registros invasivos y humillantes, a menudo por partida doble e innecesariamente, cada vez que ha intentado subir a un avión o volver a entrar a los Estados Unidos”.

Esta semana, la ACLU presentó una denuncia formal ante el Departamento de Seguridad Nacional a su nombre, solicitando que dejen de seleccionarla durante sus viajes. La ACLU cree que ha estado sujeta a repetidos e innecesarios registros porque forma parte de una lista de vigilancia del gobierno.

“Siempre me someten a registros adicionales”, dijo. “Siempre es igual. La tercera vez que sucedió me di cuenta de que no es aleatorio. Definitivamente existe un patrón y me han incluido en algún tipo de lista que me está haciendo pasar por esto una y otra vez”.

La denuncia, firmada por Hugh Handeyside, abogado senior de la ACLU que lleva el caso de Merchant, detalla al menos 10 veces en las que fue sometida a registros excesivos por parte de los funcionarios aeroportuarios al entrar en el aeropuerto, en la puerta frente a otros pasajeros e incluso durante sus escalas. También describe el momento en que la TSA llamó a una unidad de explosivos para inspeccionar tanto a ella como a su familia, a pesar de haberla revisado minutos antes, así como el momento en el que un trabajador de la TSA llamó a un equipo canino para que la registraran a ella y a sus maletas.

Los funcionarios fronterizos la interrogaron sobre sus creencias religiosas, sobre si era sunita o chiita, le preguntaron su posición sobre el ISIS e incluso hablaron sobre su sitio web y le preguntaron por qué criticaba las políticas del gobierno de Estados Unidos, lo que pone en entredicho el cumplimiento de la Primera Enmienda, dijo la ACLU.

De acuerdo con los documentos gubernamentales clasificados que obtuvo The Intercept en 2014, más de 700.000 estadounidenses fueron incluidos en una lista de vigilancia del gobierno de Estados Unidos, la Terrorist Screening Database. Quienes pertenecen a dicha lista, muchos de los cuales son musulmanes, del Oriente Medio o Sudeste Asiático, y no tienen conexión con ningún grupo terrorista, les seleccionan en los aeropuertos por tener un “SSSS”, “selección secundaria de supervisión de seguridad”, impreso en su tarjeta de embarque y les registran varias veces los oficiales de seguridad.

“Tenemos razones para creer que no solo le están haciendo esto a Zainab. Sabemos que otras personas tienen problemas similares”, le dijo Handeyside al HuffPost. “Esto preocupa a los miembros de las comunidades musulmanas, árabes, del Oriente Medio o del Sudeste Asiático”.

Quienes pertenecen a las comunidades musulmanas viven con un miedo constante de ser incluidos en la lista de vigilancia. El año pasado, el HuffPost documentó la experiencia de tres estadounidenses musulmanes que fueron incluidos en una lista de vigilancia del gobierno y destacó los obstáculos para descubrir por qué estaban en esa lista o lograr que sus nombres fueran eliminados.

En Orlando, donde vive Merchant con su esposo y sus tres hijos cuando no está en el campus, intentó averiguar por qué la incluyeron en una lista de vigilancia y qué podría hacer para que eliminaran su nombre. Ha escrito a miembros del Congreso pidiendo ayuda. Al no recibir respuesta, presentó varias solicitudes al “Programa de Consultas de Desagravio de Pasajeros” (TRIP, por sus siglas en inglés) del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés), desarrollado por el DHS para las personas que han sido seleccionadas varias veces para someterse a un registro adicional y desean que se corrija la información errónea en los sistemas del DHS.

En cambio, recibió una carta del DHS declarando que no podía “confirmar o negar” si ella está en una lista de alerta federal. También hizo una solicitud al Global Entry, un programa del servicio de Aduanas y Protección Fronteriza que ofrece una autorización expedita para los viajeros aprobados. Su solicitud fue denegada.

Cuando el HuffPost se comunicó con la TSA, respondió un vocero con una declaración en la que repetía lo que le dijeron a Merchant: “El Departamento de Seguridad Nacional no puede confirmar o negar si alguien está en una lista de vigilancia, proporcionar información sobre una persona que pueda estar incluida en las listas de vigilancia o revelar datos sensibles de las fuerzas de seguridad”. El vocero dijo que debería recurrir al TRIP, lo cual ya hizo, pero sin éxito.

Un vocero de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés) le dijo al HuffPost que la agencia no podía “hacer comentarios sobre el litigio pendiente”, pero que “toma en serio todas las acusaciones e investiga todas las denuncias formales”.

La ACLU ha pedido que se realice una investigación sobre la conducta de los oficiales de la TSA y la CBP y sobre la publicación de los registros relevantes en el caso de Merchant.

“Es importante para que las personas, los tribunales y el gobierno entiendan que cuando le haces esto a una persona varias veces, cuando la seleccionas, revisas sus pertenencias frente a todos y lo vuelves a hacer en la puerta frente a los pasajeros con los que está a punto de viajar, le estás provocando un gran daño psicológico”, dijo Handeyside. “Estás exponiéndolas a experiencias muy estigmatizantes”.

Merchant dijo que la están castigando por hablar al respecto. Desde que lo hizo, algunos de sus familiares y amigos se distanciaron de ella, otros han cortado el contacto por completo. Comentó además que han empezado a preguntarse por qué el gobierno ha considerado oportuno seleccionarla cada vez que viaja.

“Sabía que existía algún tipo de lista de vigilancia y que muchas personas están incluidas en ella”, dijo. “Sin embargo, me ha conmocionado descubrir que las personas tienen miedo a hablar porque no quieren estar en el punto de mira y saber que a muchos de quienes me rodean y a miembros de mi propia comunidad también les sucede”.

No obstante, afirmó que tiene esperanzas de que se haga justicia y eliminen su nombre.

“Espero que nos escuchen alto y claro”, dijo Merchant. “No voy a dejar de luchar por mis derechos. Ahora esto nos afecta a diario. No voy a parar. No voy a rendirme pase lo que pase. Solo quiero que nos den respuestas sobre por qué sucede y qué puedo hacer para arreglarlo porque yo no he hecho nada malo. Solo necesito respuestas”.

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