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Silvio Berlusconi pide echar de Italia a 600.000 migrantes porque son “una bomba social”

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Silvio-Berlusconi

El ex primer ministro italiano y referente de la coalición de centroderecha que encabeza todas las encuestas para las elecciones de marzo, Silvio Berlusconi, pidió echar del país a 600.000 migrantes porque son, según dijo, “una bomba social”.

“La inmigración es una cuestión urgente. Hoy en Italia se cuentan al menos 630.000 inmigrantes, de los cuales sólo el 5 por ciento tiene derecho a estar aquí como refugiados o huyendo de guerras y muerte”, planteó Berlusconi en declaraciones al noticiero de la Rai Tg5.

“Los otros 600.000 son una bomba social pronta a explotar porque viven de delitos”, sentenció el líder de Forza Italia, decidido a confrontar con la política migratoria del gobierno actual.

En ese marco, Il Cavaliere, como lo llaman en Italia a Berlusconi, no ahorró críticas para el oficialista Partido Democrático y sostuvo que “un gobierno con autoridad debería exigir a la Unión Europea que ponga en la cancha todo su peso económico y político para resolver el problema” migratorio.

Cada vez más en sintonía con sus socios de la xenófoba Liga Norte, Berlusconi aseveró que “los italianos no son racistas, incluso porque nuestros padres y abuelos fueron por el mundo. El problema no es la inmigración, sino la clandestina”. “Estos migrantes viven de los expedientes y los delitos”, añadió.

La derecha italiana aprovechó el tiroteo racista del sábado para endurecer su discurso sobre la inmigración irregular a un mes de las elecciones. A menos de 48 horas del ataque contra migrantes en la ciudad de Macerata que dejó seis heridos en la tarde del sábado, el líder de la Liga, Matteo Salvini, ratificó su intención de que haya “reglas”. “En la Italia que tengo en la cabeza y espero gobernar, se respetarán las reglas y si no tenés el permiso de trabajo y vivís traficando droga te volvés a tu casa en quince minutos. Podés ser blanco, amarillo o negro, pero hacen falta reglas”, dijo.

El domingo, Salvini había planteado en la red Twitter que la “responsabilidad moral” del ataque racista, recae sobre “aquellos que han llenado Italia de clandestinos”. “La inmigración fuera de control lleva al caos, a la rabia, al descontrol social. Trae tráfico de drogas, robos, rapiñas y violencia”, agregó en la red social, aludiendo así a las políticas migratorias del gobierno de centroizquierda de Sergio Mattarella.

La estrategia anti-migratoria parece darle resultados a la centroderecha a menos de un mes de las elecciones que renovarán el Parlamento para la formación de un nuevo gobierno. Según una simulación electoral de la Universidad de Bologna, la centroderecha “es la única fuerza que puede obtener la mayoría” en el Parlamento. Es decir que, según las encuestas, pueden obtener el 40% de los escaños en la Cámara de Diputados y renovar las bancas de 315 senadores para formar un nuevo gobierno

Las críticas a esta posición de la derecha llegaron, como era de esperar, desde la izquierda, que ha lanzado la alarma sobre el riesgo que pueden provocar los mensajes xenófobos en política. El subsecretario de Asuntos Exteriores, Benedetto della Vedova, opinó que Berlusconi no es el dique de contención del populismo, tal y como suele presumir, sino “el caballo de Troya con el que la xenofobia política amenaza con entrar al Palacio Chigi y controlar las instituciones”.

El presidente de la región de Toscana, Enrico Rossi, denunció a través de sus redes sociales que “el Berlusconi pillavotos es coherente: siempre con los fascistas”. Por su parte, el ministro de Agricultura, Maurizio Martina, criticó la “deriva extremista” del líder de Forza Italia.

Italia es el principal punto de entrada a Europa para los migrantes que cruzan el mar Mediterráneo. El país ha registrado más de 450.000 llegadas entre 2015 y 2017 y a al menos al 40 por ciento de los inmigrantes se les concedió algún tipo de asilo. En 2017, las llegadas se redujeron más de un tercio en comparación con el año anterior gracias a los acuerdos con Libia para cortar de raíz la migración. Sin embargo, el plan no ha conseguido aplacar la preocupación de la población italiana por el asunto.

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