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Kim Jong-un pide a Putin que medie en el desmantelamiento de su arsenal

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El primer encuentro entre el presidente ruso, Vladímir Putin, y el líder norcoreano, Kim Jong-un, transcurrió ayer en la isla Russki (Vladivostok) en una atmósfera de muy buena sintonía. Ha quedado de manifiesto que el objetivo de su viaje a Rusia ha tenido como objetivo recabar la ayuda de Putin para lograr un ablandamiento de la postura de Estados Unidos, que exige una desnuclearización total de Corea del Norte como premisa para un eventual levantamiento de las sanciones.

Y el máximo dirigente de Corea del Norte ha conseguido su propósito ante su anfitrión, habitualmente proclive a hacer de abogado de dictadores e ir a contrapelo de las políticas de Washington en la arena internacional. En ausencia de Kim, Putin compareció ante la prensa para informar del contenido de las conversaciones y subrayó como cuestión crucial la necesidad de que Pyongyang reciba “garantías de seguridad” a cambio de su desarme atómico y balístico y evitar “presiones y ultimátums”.

El presidente ruso afirmó que la desnuclearización de la península coreana “es posible”. Para ello, reiteró que “Corea del Norte necesita garantías de seguridad y de defensa de su soberanía. Eso es todo”. “¿Qué otras garantías pueden ser sino jurídicas?”, añadió. Según su opinión, Washington debe actuar “con sumo cuidado”, con mucha mano izquierda.

Desnuclearización gradual
Así mismo, Putin dio la razón a Kim en cuanto a que la desnuclearización debe ser “gradual” y acompañada del levantamiento progresivo de las sanciones. Esta fórmula, precisamente, fue la que rechazó el presidente Trump, en la fracasada cumbre de Hanói en febrero. Washington exige un acuerdo de envergadura de desarme nuclear total y de limitación del número de misiles.

Por eso, el jefe del Kremlin abogó ayer por la reanudación de las conversaciones a seis bandas (las dos Coreas, EE.UU., Rusia, China y Japón). Este formato se empleó sin demasiado éxito en 2003 y 2009 y, en el contexto actual, no supone otra cosa que un llamamiento para que Washington abandone su actual postura y sea más flexible.

El primer mandatario ruso subrayó que su encuentro con Kim “no encierra ninguna conspiración”. “Aquí no hay ningún secreto. La postura de Rusia siempre ha sido clara y abierta (...) lo tratado aquí lo hablaremos con los estadounidenses y con nuestros amigos chinos”, aseguró. Una de las peticiones que el mandatario norcoreano ha solicitado a Putin que traslade a los americanos es que el secretario de Estado, Mike Pompeo, al que acusa de ser demasiado duro, no siga siendo el negociador del dosier norcoreano. El jefe del Kemlin se deshizo en elogios hacia su invitado norcoreano, al que calificó de interlocutor “sincero e interesante”.

Las conversaciones duraron tres horas largas, una hora y media del cara a cara a solas de los dos jefes de Estado y una hora y cuarenta minutos en presencia de las respectivas delegaciones. Hubo después un brindis y una cena oficial, en la que hubo intercambio de regalos.

Putin voló después a Pekín para participar en el foro económico “Un cinturón, una ruta”, con el que China se propone relanzar la globalización. El presidente ruso tiene previsto reunirse con su homólogo chino, Xi Jinping, a quien a buen seguro informará de lo tratado con Kim.

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