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Japón quiere reformar su Constitución para derogar el artículo que declara ilegal la guerra

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Shinzo-Abe

Tras imponerse en las elecciones anticipadas del domingo y alcanzar una mayoría propia en el parlamento de Japón, el primer ministro Shinzo Abe se prepara para avanzar en su anhelo de reformar la Constitución pacifista del país, una de las bases de la democracia nipona de posguerra.

Los partidos políticos que favorecen la derogación del artículo 9, que declara ilegal a la guerra como medio para resolver disputas internacionales, se hicieron con casi el 80 por ciento de las bancas en la cámara baja, y la

fuerza de Abe, el Partido Liberal Democrático (PLD), incluso logró una mayoría simple.

De esta manera el opositor Partido Constitucional Democrático de Japón, que logró apenas 54 de los 465 escaños en juego, se convirtió en el principal defensor del pacifismo japonés y único obstáculo para los planes de reforma constitucional.

Abe ha dicho que su prioridad es buscar el consenso para el polémico y simbólico cambio en la Constitución pacifista de Japón, que sus partidarios ven como la base de la democracia de la posguerra mientras que los conservadores lo sienten una imposición humillante después de la derrota del país frente a los aliados en la Segunda Guerra Mundial.

En la práctica esta prohíbe las operaciones ofensivas o el despliegue en el extranjero del ejército, que en el país lleva el nombre de Fuerzas de Auto Defensa de Japón (FADJ).

En medio de las fuertes tensiones con el régimen de Corea del Norte, que en los últimos meses ha realizado numerosas amenazas contra Japón e incluso ha lanzado misiles balísticos que sobrevolaron el archipipiélago haciendo sonar las alarmas de bombardeo y sembrando el pánico entre la población, la limitación militar autoimpuesta hace que Tokyo dependa de las 50.000 tropas de Estados Unidos asentadas en el país para su defensa.

"Primero, quiero profundizar en el debate y lograr que la mayor cantidad de personas estén de acuerdo en esto", dijo el primer ministro a una emisora local a última hora del domingo y tras obtener los resultados electorales, según reportó Reuters. "Deberíamos hacer de ello una prioridad", añadió el mandatario, quien se ha puesto como meta lograr la modificación para el 2020.

Las enmiendas constitucionales en Japón requieren el apoyo de una mayoría de dos tercios en cada cámara del Parlamento y luego ser legitimizadas por una mayoría en un referendo público, sin quórum mínimo.

La derogación del artículo 9 es un viejo anhelo de los nacionalistas y sus alcances ya habían sido limitados en 2014, cuando una nueva interpretación de la Constitución luego aprobada en el Parlamento permitió a las FADJ movilizarse para defender a países aliados de Japón en caso de guerra.

En ese momento la decisión fue objetada por China y Corea del Sur, países que han sufrido el militarismo japonés, pero Estados Unidos apoyó la medida para contar con Tokyo como aliado militar en la región.

La Constitución de Japón en la que se enmarca el artículo 9 fue aprobada en 1947 y bajo supervisión de las potencias aliadas que ocuparon el país tras la victoria en la Segunda Guerra Mundial.

Además de establecer un sistema parlamentario y reducir el rol del Emperador a lo puramente ceremonial, intentó anular la posibilidad de un resurgimiento del militarismo en la sociedad japonesa.

Dos años antes de que los nazis invadieran Polonia y dieran inicio a la Segunda Guerra Mundial, el Imperio del Japón lanzó un ataque sobre la República de China en 1937 y lanzó una brutal campaña de conquista en el sureste asiático que lo llevó en los años siguientes a tomar gran parte del gigante asiático, así como también Corea, Vietnam, Myanmar, Malasia, las Filipinas, Nueva Guinea y un número importante de islas del Pacífico.

La dura ocupación japonesa de estas regiones provocó a su vez millones de muertes y violaciones, y tras el colapso nipón el 2 de septiembre de 1945 ante los avances de Estados Unidos, el Commonwealth británico y la Unión Soviética, y el bombardeo nuclear de Hiroshima y Nagasaki, las potencias vencedoras y los países vecinos que habían sufrido la conquista buscaron evitar que la historia se repitiera.

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